Not a member?     Existing members login below:

Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

-XXXV-
—Mi segunda mocedad—decía Morsamor—ha sido peor empleada que laprimera. ¡Vanidad
de vanidades! Todo es vanidad y singularmentenuestros afanes, trabajos y aspiraciones. Pienso a
veces que me valieramás no haberme remozado; pero, arrastrado por esa corriente de
ideasnegras, voy más lejos aún y exclamo: ¡mejor sería no haber nacido! Hebuscado el amor
para gozarle y he hallado vergüenza, desolación ymuerte. Doña Sol paga mi amor con su
desprecio. El desprecio mío mata elamor de donna Olimpia. Y cuando no nos despreciamos y
nos amamos, la iray los celos dan espantosa muerte al objeto de mis amores. Mi ambición noha
sido menos burlada que mi cariño. Salvo una ruin satisfacción de amorpropio; ¿qué ventaja he
sacado, ni para mí ni para mis semejantes, demis triunfos guerreros?
Así discurría Morsamor con profunda tristeza. Luego, para consolarse,imaginaba tener una
misión y cumplir con ella. Se creía factor poderosoen el engrandecimiento de su patria. Pero
también de esto dudaba; ymirando con inquietud hacia el porvenir, conceptuaba
talengrandecimiento caduco y efímero.
Cierta idea, más clara y consistente en nuestra edad que en la suya,aparecía después a su
espíritu, para justificar su ambición; para quesus propósitos no fuesen tenidos por vanos.
Morsamor suponía que elhumano linaje iba subiendo a más altas esferas de bondad y de luz y
queél contribuía enérgicamente a la ascensión magnífica, predeterminada porel cielo.
Desconsoladoras reflexiones venían al punto a invalidar o almenos a poner muy en duda, el valer
de esto último.
—No escatimaré yo mis alabanzas, ni negaré mi admiración—pensabanuestro héroe—a los
descubrimientos, invenciones y adelantos que loshombres realizan. Se diría que doman la
naturaleza material, queencadenan con su inteligencia y sujetan a su voluntad las fuerzas
deluniverso, y que se valen de ellas para evitar fatigas y crear placeres ygoces. Laudable es, en
este sentido, el fecundo renacimiento en Europade ciencias, artes y letras. Laudable es la activa
curiosidad denuestros navegantes que atraviesan nunca surcados mares y penetran enlas más
apartadas e incógnitas regiones. Y si no es más laudable, es milveces más asombroso el mágico
saber de los mahatmas, que no puedonegar, porque de él he sido testigo. ¿Pero en lo
fundamental, hayprogreso acaso o hay mejora en Europa, en la India o en la China? Yosospecho
lo contrario. En las antiguas edades los hombres acertaban aveces o por estar más cerca de la
revelación primitiva, o porquealambicaban menos y no se quebraban de puro sutiles, o porque la
mentede ellos, no abrumaba aún con la pesada carga de lo observado yexperimentado, levantaba
el fácil vuelo a las esferas superiores y eracapaz de una inspiración inocente y casi divina. Hoy, a
fuerza decavilar y de sutilizar, el entendimiento se pervierte y disparata mucho.No hay progreso,
sino perversión, desde el himno compuesto hace más detres mil años, que venían cantando los
mahatmas, cuando los vi volveral Cenobio, hasta las doctrinas que me expuso luego
Sankarachária yque implican la negación de Dios, el concepto de que el mundo casi esilusión y
fantasmagoría, y la mal velada afirmación de que la conciencianace de lo que no tiene
conciencia, la voluntad del ciego prurito de losátomos, y de sus desordenadas evoluciones el
entendimiento y las leyes aque el entendimiento sujeta así lo exterior y visible como lo más
hondoe íntimo del alma. Cuanto he oído en Benarés en boca de los brahmanes ycuanto después
me ha expuesto Sankarachária en su misterioso retiro sonla corrupción del mencionado himno
del Rig-Veda, donde el vate de losprimeros tiempos busca a Dios, le columbra y le admira en las
 
Remove