Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

Lo que aquí nos importa saber es que Morsamor se fue enseguida desdeCantón a Macao,
pequeña colonia recién fundada por los portugueses.
En la rada de la nueva ciudad, Morsamor halló lo que deseaba y esperaba,según lo había
concertado con el piloto Lorenzo Fréitas. Su nave, hacíados o tres semanas que estaba allí
aguardándole, lo cual no pesaba alseñor Vandenpeereboom que había traficado con los chinos y
hecho muybuenos negocios, ni pesaba tampoco a Fray Juan de Santarén, quepredicaba con gran
fruto, aunque valiéndose de intérpretes, y quebautizaba chinos a centenares, hallando sus
neófitos entre la gentepobre y trabajadora que hoy pudiéramos llamar coolies.
Ni el comisionista, ni el misionero, gustaron de la nueva empresa queMorsamor quería
acometer; pero Morsamor poseía grandes riquezas y conellas se allanan dificultades y todo se
compone. A Fray Juan leproporcionó recursos suficientes para socorrer a sus más
desvalidoscatecúmenos y fundar un asilo piadoso, y al señor Vandenpeereboom, quetenía
amplios poderes de los señores Adorno y Salvago, le compró lanave, pagándola
espléndidamente, por una mitad más de su justo precio.
El piloto Lorenzo Fréitas y muchos de la tripulación, decidieron noabandonar a Morsamor e ir
con él donde quisiera llevarlos.
Bajo la inteligente dirección de dicho piloto, hábiles calafates delpaís, limpiaron los fondos de
la nave, que estaban harto sucios, lacarenaron bien y la pusieron como nueva.
Morsamor y el piloto la proveyeron, por último, de todo género devituallas y bastimentos
como para una navegación muy larga.
Más de la mitad de los guerreros portugueses que hasta allí habíanacompañado a Morsamor,
resolvieron quedarse en Macao; pero los otros másdecididos, así como los antiguos tripulantes,
formaban muy completadotación para la nave a la que Morsamor quiso cambiar el nombre
queantes tenía sin duda, aunque no sabemos cuál fuese, y la confirmó con elantiguo, clásico y
mitológico nombre de Argo.
No pocos días se pasaron en tan importantes asuntos, y si bien Morsamorse empleaba en ellos,
lejos de mostrarse comunicativo y alegre, andabatriste y silencioso, esquivaba el trato y la
conversación de todos,hasta del fiel Tiburcio, y para reposar de sus afanes gustaba de ir
aescondese en cierta pintoresca gruta que había entre los peñascos de uncerro y desde la cual se
oteaba el mar azul y se descubría muy extensohorizonte.
Al escribir la historia de Morsamor, nosotros haríamos célebre estagruta, aunque ya no lo
fuese, pero nos ahorra el trabajo de darlecelebridad la que ya tiene desde antiguo por la
circunstancia de haberimitado a Morsamor, sin saberlo, el glorioso poeta Luís de Camoens,
que,pocos años después, solía ir allí a meditar y a entregarse a los máspoéticos soliloquios. Los
de Morsamor eran poéticos también, aunquetodavía más que poéticos eran filosóficos, por lo
cual pondremos aquímuy en resumen uno de estos soliloquios, a fin de que el sentir y elpensar
de Morsamor sean entendidos sin que se fatiguen y sin quecalifiquen el soliloquio de latoso los
lectores poco inclinados a lafilosofía.
Remove