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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

En el favor que pidió Miguel de Zuheros fue más dichoso que en laconsulta. Sankarachária se
le otorgó a medias. Morsamor quiso ver yhablar al Padre Ambrosio. Y el mahatma, si bien se
excusó de ponerleal habla con el Padre para que el Padre no averiguase que él habíarevelado sus
ocultas relaciones y tratos, todavía le prometió hacer quele viese, y en efecto, cumplió la
promesa.
Para ello, exigiendo primero a Morsamor, que no había de chistar, nialborotar, ni moverse,
viera lo que viera, le condujo a un obscurísimosótano y le sentó en una silla, donde había de
quedar, y quedó comoclavado.
De repente brotó un punto luminoso en el seno de las tinieblas. El puntose desenvolvió luego
en multitud de rayos que trazaron un círculo llenode claridad. Morsamor percibió en él con
asombro el camaranchón donde elPadre Ambrosio tenía su laboratorio. El Padre estaba de pie,
delante delatril donde leía un libro de magia. La lámpara que ardía sobre el atril,colgada del
techo, parecía ser el punto o foco de luz, por cuyadilatación el círculo se había formado. Otro
fraile estaba al lado delPadre Ambrosio con la capucha calada y volviendo a Morsamor
lasespaldas. Inesperadamente cambió este fraile de postura y mostró aMorsamor la cara. El
pasmo de este rayó entonces en delirio. Creyó versu propio rostro como en un espejo, pero no
joven y gallardo, sinomarchito, lleno de arrugas y con la barba blanca como la nieve. Suterror
casi fue más intenso cuando notó que aquel rostro, que se lehabía aparecido, caía como una
máscara o se disipaba como vapor muytenue dejando en la capucha un hueco. La capucha y todo
el hábito sediría que no encerraban ya sino aire vano: una ilusión, un espectro. Elsayal vacío
continuaba erguido, no obstante, y hasta se movía ymarchaba, como si le llenase y le animase un
espíritu.
Vio después Morsamor que el féretro donde le habían encerrado se hallabaen el mismo lugar;
que el Padre Ambrosio levantó la tapa, y que dentrohabía un cuerpo humano tendido e inmóvil.
No descubrió quién era. Unlienzo velaba su cara. El Padre Ambrosio alzó un pico del lienzo,
hastadescubrir la boca del que allí reposaba, e introduciendo en aquella bocael agudo extremo de
un pequeño embudo, vertió por él algunas gotas dellíquido contenido en un pomo que llevaba en
la mano.
La visión se disipó enseguida, como las figuras de una linterna mágica ode un cinematógrafo.
No acertó Morsamor a explicarse bien todo aquello por ningún estilo,pero pensó en su propio
ser, se tocó y se reconoció materialmente, ytanto en lo exterior como en lo íntimo se declaró a sí
mismo que elverdadero Morsamor era él y no otro. Encomendó a todos los diablos
aSankarachária, a los demás mahatmas y al Cenobio de la jubilaciónvaronil, y no bien despuntó
la próxima aurora se escapó de allí conTiburcio y los demás de su hueste.
-XXXIV-
Los diversos apuntes manuscritos de los que hemos ido extractando ycompaginando esta
historia hasta ahora clarísima, presentan aquícontradicciones que conviene resolver y
obscuridades que convienedisipar por medio de hipótesis.
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