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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

magiablanca también, pero vulgar y rastrera, que se funda en conocimientosexperimentales y
exteriores y en el empleo de drogas, hierbas y otrosingredientes.
-XXXIII-
Morsamor hablaba a menudo con Tiburcio, que andaba retraído, y lecomunicaba cuanto iba
aprendiendo. Tiburcio le oía, no daba crédito anada y se reía de todo.
—Pero no me negarás—le decía Morsamor—que Sankarachária sabe y puedemucho.
—Yo no te lo niego—contestó Tiburcio—. Lo que te niego, es que susaber y su poder se
funden en lo que él dice.
Y Tiburcio no pasaba nunca más adelante, ni aclaraba mejor supensamiento. Por sus
reticencias, con todo, presumía Morsamor queTiburcio atribula las artes y las ciencias de los
mahatmas a laintervención del diablo.
—¿Crees tú—le decía Morsamor—que el diablo interviene en esto?
Tiburcio no contestaba sí, ni no. Se reía y se callaba.
Entretanto, ni Morsamor, ni Tiburcio, ninguno de la pequeña hueste,podía ir a la ciudad de los
mahatmas jóvenes o no jubilados, ni muchomenos ver a las mujeres. Sin duda era ley
inquebrantable aquelretraimiento, mil veces más severo que el que hubo más tarde en
elParaguay, para evitar que las ciudadanas y los ciudadanos fuesenperturbados y contaminados
por extrañas visitas.
Todos los forasteros, por consiguiente, aunque estaban muy agasajados enel Cenobio y
tratados a qué quieres boca, se aburrían de muerte yansiaban salir de allí para gozar de plena
libertad aunque tuviesen quesufrir trabajos.
El mismo Morsamor empezaba a cansarse. Dispuso su partida, pero antes dedespedirse de
Sankarachária, le hizo una última pregunta y le pidió unfavor.
—Yo estoy harto—dijo Miguel de Zuheros—de guerras y de amores. Enextremo me afligen
los estragos y las muertes que preceden o suceden acada victoria y a cada triunfo. Aún ansío
laureles, pero han de serincruentos y pacíficos. ¿Y qué más pacíficos laureles que los que
yoalcanzaría, si me embarcase de nuevo, y por mar, navegando siempre haciaoriente, volviese a
mi patria? Dime si esto es posible.
—Ya sabes—contestó el anciano mahatma—que mi ciencia es más de lointerior que de lo
exterior. Todo eso y más sabré yo cuando llegue aenlazarme con Atma. Por ahora, ni lo sé, ni me
importa saberlo, ni telo diría aunque lo supiese. Y la razón es obvia. Si te dijera que esimposible,
te quitaría la esperanza, te retraería de la empresa y tedespojaría del mérito de haberla
acometido. Y si te dijera que esposible, aún te despojaría más del mérito y de la gloria, porque
con laseguridad de alcanzar fin tan alto, ¿quién, a no ser muy cobarde no ponelos medios? No
extrañes, pues, que me calle y dame gracias por misilencio.
 
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