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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

violines y salterios. Guirnaldas de verdura y de floresceñían las sienes de todos aquellos
ancianos.
El fámulo, que para verlos pasar se había echado a un lado con losforasteros, dijo a estos
cuando llegó frente de donde estaban el viejotal vez de mayor estatura y de más gravedad y
belleza de rostro.
—Ese es mi amo, el señor Sankarachária. Trae, como veis, una guirnaldade hiedra y de
violetas, con que le ha coronado hoy su esposa, parasimbolizar el púdico, modesto y apretado
lazo con que siempre la tuvoceñida y prendida.
Al son de los instrumentos músicos, venían todos cantando, con deliciosamelodía, un himno
del Rig-Veda, del que Morsamor comprendiómilagrosamente y conservó en la memoria, no
sabemos si con enterafidelidad, las siguientes estrofas:
«Áureo germen de luz apareciste al principio. Soberano del mundollenaste la tierra y el cielo.
¿Eres tú el Dios a quien debemosofrecer holocausto?».
«Tú das la vida y la fuerza. Los otros dioses anhelan que losbendigas. La inmortalidad y la
muerte son tu sombra. ¿Eres tú elDios a quien debemos ofrecer holocausto?».
«Las montañas cubiertas de nieve y las agitadas olas del maranuncian tu poderío. Tus brazos
abarcan la extensión de los cielos.¿Eres tú el Dios a quien debemos ofrecer holocausto?».
«Tú iluminas el éter. Tú afirmas la tierra y difundes la claridadpor entre las nubes. Cielo y
tierra te miran temblando a ti que loscriaste. De tu radiante cabeza nace la aurora. Sobre las
aguas queengendraron la luz primera y que se precipitan en el abismo,tiendes tú la serena
mirada. Sobre todos los númenes te elevas cualDios único. ¡Oh custodia y faro de la verdad!
¿Eres tú el Dios aquien debemos ofrecer holocausto?».
-XXXI-
Como los sabios ancianos venían algo fatigados de la inocente huelga quehabían tenido, el
fámulo dejó que reposasen y durmiesen la siesta un parde horas, y luego llevó a Morsamor y a
los suyos a la presencia delseñor Sankarachária, quien los recibió con distinguida afabilidad
yextremada finura.
Ya sabía Morsamor por el fámulo que el señor Sankarachária era elescritor más notable que
había entonces en el Cenobio y en todaaquella República. Los libros que había compuesto y que
componía, eranepítomes o brevísimos compendios, en estilo llano, para poner al alcancedel
vulgo los más útiles conocimientos. Por el método, orden y nitidezde la exposición, ensalzaba el
fámulo, entre dichos libros, los que setitulan Tattva Bodha, Conocimiento de la existencia; Atma
Bodha,Conocimiento de yo (Dios); y Viveka Chudamani, El Paladión de lasabiduría.
—Aunque estos libros—añadía el fámulo—son sólo rudimentos ypreparativos para iniciación
más alta, nadie consiente por acá que secomuniquen a los europeos, cuya inteligencia carece de
la sólida madurezque para comprenderlos se requiere. Sólo dentro de tres siglos y pico,podrán
 
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