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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

años. El día en que los cumple, esel día de su jubilación y él se retira a este Cenobio y pasa de
lavida activa a la vida contemplativa.
Así, el fámulo iba enterando de todo a Morsamor y a su tropa. Y graciasa la sugestión, no sólo
les daba noticias, sino que también les inspirasanos, juiciosos y vehementes deseos. El de
bañarse, fregarse yescamondarse, fue el primero que les inspiró, y para que le lograsen,como le
lograron, los introdujo en unas maravillosas termas, dondebrochas y suaves cepillos automáticos
los ungieron con aromático yespumoso jabón y les dieron gratas y purificantes fricciones.
Recibieronluego duchas de agua perfumada, se secaron con finísimas sábanas de linoy quedaron
como nuevos de puro lustrosos. Todos parecían más guapos ymás jóvenes que antes. Al
revestirse, notaron con agradable pasmo que laropa interior había sido lavada y planchada,
(permítaseme lo familiar dela expresión) en un periquete, y que asimismo olía muy bien, gracias
aun exquisito sahumerio. Los coletos, los gregüescos, las calzas y demásropilla exterior todo se
había limpiado, quedando muy decente ydesapareciendo las manchas sin el empleo de la bencina
ni de otrassustancias apestosas.
El fámulo les dijo que era muy conveniente que ellos se presentasen deun modo decoroso ante
el señor Sankarachária.
Los llevó enseguida a un bonito y capaz refectorio, donde almorzaronsutiles extractos, que
paladeaban y saboreaban con raro deleite y queeran tan nutritivos y tan poco groseros, que
bastaba para alimentar ysatisfacer a un jayán, lo que cabe en una jícara de chocolate.
A todo esto, Morsamor y los suyos notaban con extrañeza que no aparecíanadie y que el
Cenobio estaba como desierto. Adivinó el fámulo lo quepensaban y aclaró el caso de este modo:
—No quiero que andéis maravillados y suspensos al ver esta mansióndesierta. En ella no hay
en este momento sino otros pocos fámulos comoyo, retirados sin duda, cada uno en su celda. Los
señores han salidotodos. No volverán hasta tres horas después de mediodía, porque hoytienen
Recordatorio galante.
Impaciente Morsamor por averiguar lo que aquello significaba,interrumpió al viejo
preguntándole:
—¿Y qué recordatorio es ese?
—El Recordatorio galante—contestó el viejo—consiste en la costumbreque tienen los señores
de ir una vez por semana al cercano Cenobio dela jubilación femenina, donde las señoras
ancianas, dulces compañerasde su mocedad, los reciben de visita, los agasajan con un
delicadobanquete, recuerdan con ellos los juveniles gozos y hasta cantan ybailan y huelgan y se
entretienen, si bien con la majestad, el entono yel sereno juicio que importan en la edad madura.
Paseando por los alrededores del Cenobio y admirando los vergeles quele circundaban,
estuvieron Morsamor y su gente hasta que pasaron lashoras del Recordatorio y volvieron al
Cenobio los señores ancianos.
Cosa de encanto les pareció el verlos venir. Con pausa solemne venían endos hileras, como
dos centenares de venerables viejos, vestidos delargas, flotantes y cándidas vestiduras. Todavía
eran más cándidos yrelucientes sus cabellos levemente rizados y sus luengas y bien
peinadasbarbas. Al andar, se apoyaban algunos en dorados báculos. Otros traían ytocaban arpas,
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