Not a member?     Existing members login below:

Misericordia

purospellejos, y su aliento apestaba. Hablaba como una
carreterona, y teníaun toser perruno y una carraspera que tiraban
para atrás. A veces pedíapor el camino de Carabanchel, y de
noche se quedaba a dormir encualquier parador. De vez en
cuando se lavaba un poco la cara, comprabaagua de olor, y
rociándose las flaquezas, pedía prestada una camisa,una falda,
un pañuelo, y se ponía de puerta en la casa delComadreja, calle
de Mediodía Chica. Pero no tenía constancia paranada, y ningún
acomodo le duró más de dos días. Sólo duraba en ella elgusto
del aguardiente; y cuando se apimplaba, que era un día sí y
otrotambién, hacía figuras en medio del arroyo, y la toreaban los
chicos.Dormía sus monas en la calle o donde le cogía, y más
bofetadas tenía ensu cara que pelos en la cabeza. Cuerpo más
asistido de cardenales no seconoció jamás, ni persona que en su
corta edad, pues no tenía más queveintidós años, aunque
representaba treinta, hubiera visitado tan amenudo las
prevenciones de la Inclusa y Latina. Almudena la trataba,
conbuen fin, desde que se quedó huérfana, y al verla tan
arrastrada, dábalede tres cosas un poco: consejos, limosna y
algún palo. Encontrola un díacurándose sus lamparones con
zumo de higuera chumbo, y aliñándose lasgreñas al sol.
Propúsole que se fuera con él, poniendo cada cual lamitad del
alquiler de la casa, y comprometiéndose ella a cortar de raízel
vicio de la bebida. Discutieron, parlamentaron; diose
solemnidad alconvenio, jurando los dos su fiel observancia ante
un emplasto viscoso ysobre un peine de rotas púas, y aquella
noche durmió Pedra en el cuartode Santa Casilda. Los primeros
días todo fue concordia, sobriedad en elbeber; pero la cabra no
tardó en tirar al monte, y... otra vez laendiablada hembra
divirtiendo a los chicos y dando que hacer a los delOrden.
Remove