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Misericordia

pudiera sobrevivir al otro. Así lodeterminaron en los primeros
momentos, y echaron a correr pensandosimultáneamente en cuál
sería la mejor manera de matarse, de golpe yporrazo, sin
sufrimiento alguno, y pasando en un tris a la región purade las
almas libres. Lejos de la calle del Almendro, se
modificaronrepentinamente sus ideas, y con perfecta
concordancia pensaron cosas muydistintas de la muerte. Por
fortuna, el chico tenía dinero, pues habíacobrado la tarde
anterior una factura de féretro doble de zinc y otrade un servicio
completo de cama imperial y conducción con seiscaballos, etc...
La posesión del dinero realizó el prodigio decambiar las ideas de
suicidio en ideas de prolongación de la existencia;y variando de
rumbo se fueron a almorzar a un café, y después a una
casacercana, de la cual, ya tarde, pasaron a otra donde
escribieron a susrespectivas familias, notificándoles que ya
estaban casados.
Como casados, propiamente hablando, no lo estaban aún; pero
el trámiteque faltaba tenía que venir necesariamente. El padre
del chico sepersonó en casa de Doña Paca, y allí se convino,
llorando ella ypateando él, que no había más remedio que
reconocer y acatar los hechosconsumados. Y puesto que Doña
Francisca no podía dar a su niña dinero oefectos, ni aun en
mínima cantidad para ayuda de un catre, él daría aLuquitas
alojamiento en lo alto del depósito de ataúdes, y unsueldecillo
en la sección de Propaganda. Con esto, y el corretaje
quepudiera corresponderle por trabajar el género en las
casasmortuorias, colocación de artículos de lujo, o por agencia
deembalsamamientos, podría vivir el flamante matrimonio con
honradamodestia.
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