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Misericordia

fuera de la puerta.Presentáronse los porteros y algunos vecinos,
atraídos del alboroto, yal ver reunida tanta gente, salieron las
cuatro mujeres al rellano de laescalera para explicar que aquel
sujeto había perdido el juicio,trocándose de la más atenta y
comedida persona del mundo, en la másimportuna y
desvergonzada. Bajó Frasquito renqueando hasta la
mesetapróxima: allí se paró, mirando para arriba, y dijo:
«Ingrata,ingrrr...». Quiso concluir la palabra, y una violenta
contorsióndenunció la inutilidad de sus esfuerzos. De su boca no
salió más que unbramido ronco, como si mano invisible le
estrangulara. Vieron todos quese le descomponían
horrorosamente las facciones, los ojos se le salíandel casco, la
boca se aproximaba a una de las orejas... Alzó los brazos,exhaló
un ¡ay! angustioso, y se desplomó de golpe. A la caída de
sucuerpo se estremeció de arriba abajo toda la endeble escalera.
Subiéronle entre cuatro a la casa para prestarle socorro, que ya
nonecesitaba el infeliz. Reconociole Juliana, y secamente dijo:
«Está másmuerto que mi abuelo».
Ejemplo de los admirables efectos de la voluntad humana en el
gobiernode las grandes como de las pequeñas agrupaciones de
seres, era Juliana,mujer sin principios, que apenas sabía leer y
escribir, pero que habíarecibido de Naturaleza el don rarísimo de
organizar la vida y regir lasacciones de los demás. Si conforme
le cayó entre las manos la familia deZapata le hubiera tocado
gobernar familia de más fuste, o una ínsula, oun estado, habría
 
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