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Misericordia

—¡Si nosotras no hemos dicho semejante desatino!
—Todo Madrid lo repite... De aquí, de estos salones salió la
indignaespecie. Me acusan de un infame delito: de haber puesto
mis ojos en unángel, de blancas alas célicas, de pureza
inmaculada. Sepan que yorespeto a los ángeles: si Nina fuese
criatura mortal, no la habríarespetado, porque soy hombre... yo
he catado rubias y morenas, casadas,viudas y doncellas,
españolas y parisienses, y ninguna me ha resistido,porque me lo
merezco... belleza permanente que soy... Pero yo no heseducido
ángeles, ni los seduciré... Sépalo usted, Frasquita;
sépalo,Obdulia... la Nina no es de este mundo... la Nina
pertenece al cielo...Vestida de pobre ha pedido limosna para
mantenerlas a ustedes y a mí...y a la mujer que eso hace, yo no
la seduzco, yo no puedo seducirla, yono puedo enamorarla... Mi
hermosura es humana, y la de ella divina; mirostro espléndido es
de carne mortal, y el de ella de celeste luz... No,no, no la he
seducido, no ha sido mía, es de Dios... Y a usted se lodigo,
Curra Juárez, de Ronda; a usted, que ahora no puede moverse,
de loque le pesa en el cuerpo la ingratitud... Yo, porque soy
agradecido, soyde pluma, y vuelo... ya lo ve... Usted, por ser
ingrata, es de plomo, yse aplasta contra el suelo... ya lo ve...».
Consternadas hija y madre, gritaban pidiendo socorro a los
vecinos. PeroJuliana, más valerosa y expeditiva, no pudiendo
sufrir con calma losimpertinentes desvaríos del desdichado
Ponte, se fue hacia él furiosa,le cogió por las solapas, y
comiéndoselo con la mirada y la voz le dijo:«Si no se marcha
usted pronto de esta casa, so mamarracho, le tiro austed por el
balcón».
Y seguramente lo habría hecho, si la Hilaria y la Daniela no
cogieran alpobre hijo de Algeciras, poniéndole en dos tirones
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