Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Misericordia

—Pues bien: tome además este otro duro para que se acomode
esta noche...Váyase mañana por casa, que allí encontrará su
ropa...
—Señora Juliana, Dios se lo pague.
—En ninguna parte estará usted mejor que en la Misericordia,
y siquiere, yo misma le hablaré a D. Romualdo, si a usted le da
vergüenza.Doña Paca y yo la recomendaremos... Porque mi
señora madre política hapuesto en mí toda su confianza, y me ha
dado su dinero para que se loguarde... y le gobierne la casa, y le
suministre cuanto puedanecesitar. Mucho tiene que agradecer a
Dios por haber caído en estasmanos...
—Buenas manos son, señora Juliana.
—Vaya por casa, y le diré lo que tiene que hacer.
—Puede que yo lo sepa sin necesidad de que usted me lo diga.
—Eso usted verá... Si no quiere ir por casa...
—Iré.
—Pues, señá Benina, hasta mañana.
—Señora Juliana, servidora de usted».
Bajó de prisa los gastados escalones, ansiosa de verse pronto
en lacalle. Cuando llegó junto al ciego, que en lugar próximo le
esperaba, lapena inmensa que oprimía el corazón de la pobre
anciana reventó en unllorar ardiente, angustioso, y golpeándose
la frente con el puñocerrado, exclamó: «¡Ingrata, ingrata,
ingrata!
—No yorar ti, amri—le dijo el ciego cariñoso, con habla
sollozante—.Señora tuya mala ser, tú ángela.
Remove