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Misericordia

No queriendo ser Obdulia inferior a su cuñada, ni aparecer en
la casacon menos autoridad y mangoneo que la intrusa chulita,
dijo a su madreque no podrían arreglarse decorosamente con
una criada para todo, ypues Juliana impuso la cocinera, ella
imponía la doncella... ¡así!Discutieron un rato, y tales razones
dio la niña en apoyo de la nuevafuncionaria, que no tuvo más
remedio Doña Francisca que reconocer sunecesidad. Sí, sí:
¿cómo se habían de pasar sin doncella? Paradesempeñar cargo
tan importante, había elegido ya Obdulia a una
muchachafinísima educada en el servicio de casas grandes, y
que se hallaba librea la sazón, viviendo con la familia del
dorador y adornista de laEmpresa fúnebre. Llamábase Daniela,
era una preciosidad por la figura, yun portento de actividad
hacendosa. En fin, que Doña Paca, con talpintura, deseaba que
fuese pronto la doncella fina para recrearse en elservicio que le
había de prestar.
Por la noche llegó Hilaria, que se inauguró dando a Doña
Francisca unrecado de Juliana, el cual parecía más bien una
orden. Decía su primaque no pensara la señora en hacer más
compras, y que cuando notase lafalta de alguna cosa necesaria,
le avisase a ella, que sabía como nadietratar el género, y sacarlo
bueno y arreglado. Ítem: que reservase laseñora la mitad lo
menos del dinero de la pensión, para ir desempeñandolas
infinitas prendas de ropa y objetos diversos que estaban
enPeñíscola, dando la preferencia a las papeletas cuyo
vencimientoestuviese al caer, y así en pocos meses podría
recobrar sin fin de cosasde mucha utilidad. Celebró Doña Paca
 
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