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Misericordia

en que se inició la vida de la raza... ¿Es esto undesatino? Quizás
no.
Con todo su ingenio y travesura no pudo la anciana convencer
al marroquíde la oportunidad de volverse al Madrid alto. «Y no
sé—le dijo echandomano de todos los argumentos—, no sé
cómo vas a arreglarte para vivir eneste monte de tus penitencias.
Porque tú no pides; aquí nadie ha detraerte el garbanzo, como no
sea yo; y yo, si ahora tengo algún dinero,pronto me quedaré sin
una mota, y tendré que volver a pedirlo convergüenza. ¿Esperas
tú que aquí te caiga el maná?
Cader sí manjá—replicó Almudena con profunda
convicción.
—Fíate de eso... Pero dime otra cosa, hijito: ¿habrá por aquí
dineroenterrado?
—Haber mocha, mocha.
—Pues, hijo, a ver si lo sacas, que en este caso no perderías el
tiempo.Pero ¡quia! no creo yo las papas que tú cuentas, ni las
hechicerías quete has traído de tu tierra de infieles... No, no:
aquí no hay salvaciónpara el pobre; y eso de sacar tesoros, o de
que le traigan a uno lascarretadas de piedras preciosas, me
parece a mí que es conversación.
—Si tú casar migo, mí encuentrar tesoro mocha.
 
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