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Misericordia

—No haber más que un Dios, uno solo, sólo Él—exclamó el
ciego, poseídode exaltación mística—. Él melecina a los
quebrantados de corazón...Él contar número estrellas, y a tudas
ellas por nombre llama. AdoranAdonai el animal y tuda
cuatropea, y el pájaro de ala...¡Alleluyah!...
—Hombre, sí, cantemos ahora las aleluyas para que no nos
haga daño lacomida.
—Voz de Adonai sobre las aguas, sobre aguas mochas. La voz
deAdonai con forza, la voz de Adonai con jermosura. La voz
deAdonai quiebra los alarzes del Lebanón y Tsión como fijos
deunicornios... La voz de Adonai corta llamas de fuego, face
temblarD'sierto; fará temblar Adonai D'sierto de Kader... La
voz deAdonai face adoloriar ciervas... En palacio suyo tudas
decirgrolia. Adonai por el diluvio se asentó... Adonai bendecir
supuelbro con paz...».
Aún prosiguió recitando oraciones hebraicas en castellano del
siglo XV,que en la memoria desde la infancia conservaba, y
Benina le oía conrespeto, aguardando que terminase para traerle
a la realidad y sujetarlea la vida común. Discutieron un rato
sobre la conveniencia de tornar ala posada de Santa Casilda;
mas no parecía él dispuesto a complacerla enextremo tan
importante, mientras no le diese ella palabra formal deaceptar su
negra mano. Trató de explicar la atracción que, en el estadode su
espíritu, sobre él ejercían los áridos peñascales y escombreras
enque a la sazón se encontraba. Realmente, ni él sabía
explicárselo, niBenina entenderlo; pero el observador atento
bien puede entrever enaquella singular querencia un caso de
atavismo o de retroaccióninstintiva hacia la antigüedad,
buscando la semejanza geográfica con lassoledades pedregosas
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