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Misericordia

se han muerto?...¿Y quién te dice que el morirse no es otra
manera y forma de vivir?...
—Debajo, debajo está todo eso—afirmó la otra
meditabunda—. Yo hago casode los sueños, porque bien podría
suceder, una comparanza, que los queandan por allá vinieran
aquí y nos trajeran el remedio de nuestrosmales. Debajo de
tierra hay otro mundo, y el toque está en saber cómo ycuándo
podemos hablar con los vivientes soterranos. Ellos han de
saberlo mal que estamos por acá, y nosotros soñando vemos lo
bien que porallá lo pasan... No sé si me explico... digo que no
hay justicia, y paraque la haiga, soñaremos todo lo que nos dé la
gana, y soñando, unsuponer, traeremos acá la justicia».
Contestó Doña Paca con una sarta de suspiros sacados de lo
más hondo desu pecho, y Benina se lanzó, con fiebre y
tenacidad de idea fija, apensar nuevamente en el maravilloso
conjuro. Trasteando sin sosiego enla cocina, con los ojos del
alma, no veía más que el cazuelo de lossiete bujeros, el palo de
laurel, vestido, y la oración... ¡demontresde oración! ¡Esto sí que
era difícil!
Todo iba bien a la mañana siguiente: Don Frasquito mejorando
de hora enhora, y con las entendederas en estado de mediana
claridad; Doña Pacacontenta; la casa bien provista de vituallas;
aquel día y el próximoasegurados, por lo cual la pobre Benina
podría descansar de su penosapostulación en San Sebastián. Mas
siéndole preciso sostener la comediade su asistencia en la casa
 
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