—Cierto—dijo mi tío,—me he olvidado hablarte de él. Parece
que seguareció en el Zarzal un día de tormenta.
—Bien lo recuerdo—respondí ruborizándome.
—¿Vendrá a almorzar el lunes, Blanca?
—Sí, papá, el comandante ha escrito aceptando la invitación.
¿Quién teha vestido así, Reina?
—Susana, una reducción de mi tía en cuestión de mal gusto
yestupidez—contesté con fastidio.
—Desde mañana remediaremos la miseria de tu guardarropa,
sobrina. Ten,sin embargo, un poco de respeto por la memoria de
la señora de Lavalle.No la querías, pero ha muerto: ¡descanse en
paz! Vamos a comer; enseguida Juno te acompañará a tus
habitaciones.
Una parte de la noche, me la pasé en la ventana, soñando
deliciosamente,y contemplando las masas sombrías de los
elevados árboles de aquelPavol, donde yo debía reír, llorar,
divertirme, desolarme y vercumplirse mi destino.
Me sentí tan feliz, que aquella noche mi cura no fue en mis
recuerdosmás que un punto imperceptible.
MAS, suplico que no se me crea de corazón liviano e
inconstante, porqueeste olvido fue solamente momentáneo y tres
