Era demasiado joven para no tener ideas absolutas, y pensaba
con todaconvicción, que en cuestión de pesares, nada es
comparable a un amordesgraciado.
—Si el curato del Pavol se ve vacante algún día, Reina, lo
aceptaré conjúbilo; desgraciadamente este cambio no depende
de mí.
—Lo sé, lo sé, pero mi tío conoce mucho al señor obispo, y
arreglaratodo.
El cura me acompañó hasta C***, y cuando me vio instalada
en el elegantelandeau de mi tío, exclamó:
—¡Cuánto me alegro, Reina, de verte en tu lugar! ¡Qué
diferencia entreeste coche y el carromato de Juan!
—Pronto me veréis en un hermoso castillo. Voy a rezar una
novena paraque el cura del Pavol se vaya al cielo. Es una idea
muy caritativa,puesto que está decrépito y enfermo. Tendréis
una espléndida iglesia yun púlpito, señor cura, pero un
verdadero y espacioso púlpito.
Arrancaron los caballos, y me asomé a la ventanilla para poder
ver pormás tiempo a mi viejo cura, que me hacía señales de
cariñosa despedida,sin pensar en ponerse el sombrero, pues una
feliz y dichosa esperanzahabía nacido en su corazón.
ESTA visita al cura sólo me hizo un bien pasajero.
