Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Mi Tio y Mi Cura

desaliento la partida, para pensardirectamente en una boca que
me había gustado, en unos ojos que mehabían sonreído y en una
expresión de fisonomía que había decidido noolvidar jamás.
Mas en aquel mundo de fantasmas, mis ideas, no me daban ni
un momento dereposo, y a poco recaía en poder de ellas.
Y así discurriendo por las regiones de lo vago, y tratando de
compararciertas impresiones mías con otras de las de mis
heroínas preferidas, vihacerse la luz sobre un importante punto.
Descubrí que estaba enamorada y que el amor es la cosa más
encantadoradel mundo. Este descubrimiento me colmó de la
mayor alegría.
Ante todo, porque veía embellecerse mi vida con un encanto,
que nodejaba por eso de ser real, y luego, porque si yo amaba,
era seguramentecorrespondida. En efecto, amaba al señor de
Couprat porque me habíaparecido hechicero; por consiguiente,
mi aspecto debió producir en sucorazón el mismo sentimiento,
puesto que él me hallaba encantadora. Milógica, hija de una
completa inexperiencia, no alcanzaba a más y porconsiguiente
bastaba para justificar mis razonamientos y hacerme feliz.
Un descubrimiento trae otro, así es que llegué a pensar que
podría muybien la caridad no desempeñar más que un papel
muy secundario en lasimpatía de Francisco I por las mujeres en
general y en particular porAna de Pisseleu; que el amor no se
parecía al cariño, puesto que yoquería mucho a mi cura, y sin
embargo, no deseaba abrazarle, mientrasque no me hubiera
hecho de rogar para saltar al cuello de Pablo deCouprat, y por
último, que era ridículo emplear subterfugios y tonosmisteriosos
para hablar de una cosa tan natural y en la que no había
nisombra de mal.
Remove