Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Mi Tio y Mi Cura

SIN embargo, mis estudios me parecieron insuficientes y
decidícontinuarlos con ayuda de las novelas de la biblioteca.
Un lunes, día de feria, mi tía, el cura y Susana tuvieron que ir a
C***Mi tía decidió, como siempre, que yo quedara al cuidado
de Petrilla, yfue esta vez la primera, que en mi vida, me encantó
tal decisión. Estabamás que segura de mi libertad de acción,
puesto que Petrilla se ocupabamás de la vaca lechera que de mis
inspiraciones. Para estas excursionestraía el quintero al patio, a
las ocho de la mañana, una especie decarromato, que en el lugar
llamaban maringola. Aparecía mi tía detiros largos, con la
cabeza cubierta por un sombrero redondo, de fieltronegro, al que
había adicionado un barbiquejo de un color violetadesvaído.
Plantábaselo audazmente en la punta del rodete. Hiciera caloro
frío, arropábase con pieles, pues había adoptado desde su
casamientola idea de que una señora de distinción no debía
ponerse en camino sinllevar sobre sí el cuero de algún animal.
Creía firmemente que, vestida de ese modo, quedaban
borradas las máculasde su origen.
Sentábase en el fondo del carricoche, en una silla sobre la que
se poníaun almohadón, a fin de que no sufriera esa delicada
porción delindividuo, cuyo nombre evita toda decente péñola.
Susana, que estaba encargada de dirigir el caballo que se
manejaba solo,colocábase hacia la derecha en el banco de
adelante y el cura subía a sulado.
Y ya así, simultáneamente, volvíanse hacia mí.
—¡No hagas travesuras—decía mi tía,—y cuidadito con ir a la
huerta!
Remove