Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Mi Tio y Mi Cura

El saludable efecto de sus palabras se desvaneció rápidamente,
y recaíen mis negros pensamientos: mi tío, protestando siempre
contra lasmujeres, las sobrinas, sus cabecitas flojas y sus
caprichos, hablaba deconducirnos a París para distraerme,
cuando felizmente se precipitaronlos acontecimientos.
Pocos días antes del proyectado viaje, el señor de Pavol
recibió cartade un amigo que le pedía permiso para conducir al
castillo a uno de susparientes, un cierto señor de Kerveloch,
antiguo agregado de embajada.Mi tío contestó con premura que
le sería muy grato recibir al señor deKerveloch, y le invitó a
almorzar, sin presumir que salía al paso a unacontecimiento que,
desvaneciendo sus sueños, debía resucitarme laesperanza.
El segundo día después de escrita esta carta (tengo mis
motivos paraacordarme eternamente de tan célebre día)—el
segundo día, hacía untiempo espantoso.
Según nuestra costumbre, nos hallábamos reunidos en el salón.
Blancapreocupada y sentada cerca del fuego, respondía con
monosílabos al señorde Couprat. Este testarudo enamorado, no
habiendo podido soportar sudestierro, había reaparecido en el
Pavol a las cuarenta y ocho horas.
Mi tío leía el diario, y yo me había refugiado en el hueco de
unaventana.
Alternativamente trabajaba con nervioso entusiasmo, pues
tenía pasiónpor las labores de aguja, o contemplaba el
firmamento obscuro y lalluvia que caía sin interrupción;
escuchaba el rugido del viento, de eseviento de Noviembre que
parece llorar quejumbrosamente, y me sentíafatigada, triste y sin
el menor presentimiento feliz, aunque en aquellosinstantes
Remove