Not a member?     Existing members login below:

Mi Tio y Mi Cura

—Sí, evidentemente. No obstante, sentiría abandonar mi
parroquia;treinta años hace que estoy en ella, y he concluido por
amarla.
—¿Habéis concluido por amarla? Entonces no os ha gustado
siempre.
—No, Reina; bien sabes lo triste que es. Tal vez nunca has
pensado enque yo también he sido joven. Mis sueños no eran
por el estilo de lostuyos, hijita, pero he soñado con una vida
activa; hubiera deseado ver yoír muchas cosas, pues no era un
tonto, y anhelaba recursosintelectuales, que me han faltado
siempre. Luego, antes de conocerte, notenía cariño ni amistad en
torno mío. Pero uno se sobrepone al fastidioy a los pesares,
Reina; todo está en quererlo. Era muy feliz desde hacíatiempo,
antes de tu partida del Zarzal; había olvidado los largos díastan
tristes de mi juventud.
El buen cura me miraba con aire soñador, y yo que, viéndole
siemprealegre y satisfecho, no había pensado nunca en que
hubiera podidosufrir alguna vez, me sentí enternecida ante una
resignación tanverdadera, tan dulce y tan sin hiel.
—Sois un santo, mi cura—le dije tomándole la mano.
—¡Chut! No digamos tonterías, mi hijita. Esa vida algo
estrecha me hahecho sufrir, pero tal es la suerte de todos mis
colegas de carácterjoven y activo.
Te he hablado de ello para hacerte comprender que todo se
puedesoportar, y que la felicidad y la alegría se encuentran
siempre, cuandose sufren con valor las pruebas y tribulaciones.
Todo lo comprendía perfectamente; sin embargo, el pobre cura
predicabaen desierto.
Remove