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Mi Tio y Mi Cura

«¡Ah, mi pobre cura, creo que he descubierto el manantial de
agua fría,de que hablábamos tres meses ha! ¡La felicidad no
existe, es un engaño,un mito; todo lo que queráis, menos
realidad!
«¡Adiós! ¡Si la muerte no nos volviese tan feos, querría morir!
¡Morir,sí, mi cura! ¡Habéis leído bien!»
Él me contestaba correo por correo.
«Hijita querida:—¿Qué significa el tono de tus últimas cartas?
Hacetres semanas parecías tan feliz en medio de la gloria y la
alegría detus éxitos sociales. No, no, Reinita, la felicidad no es
un mito, y serátu herencia; pero en este momento la imaginación
te domina, te ofusca, ypor consiguiente, impídete ver con
claridad. No has seguido mi consejo,Reina; has abusado de tus
fogatas, ¿verdad? Pobre hijita; venme a ver, yconversaremos de
tus preocupaciones.»
Yo le respondí:
«Señor Cura:—La imaginación es una tonta, la vida un
estropajo, y lasociedad un harapo que brilla mucho desde lejos,
pero que bien mirado,no sirve para nada, a no ser para colocarla
en un árbol a guisa deespantapájaros. Tengo ganas de entrar en
la Trapa, mi querido cura. ¡Ah!si tuviese seguridad de que de
cuando en cuando se me permitiría bailarcon apuestos
caballeros, como algunos que conozco, tened por por ciertoque
iría a refugiarme allí y a enterrar mi juventud y mi belleza.
Perocreo que este género de distracciones no está muy de
acuerdo con laregla de la Orden. Dadme algunos datos al
respecto, señor cura, yconvenceos de que no sois sino un
soñador optimista al pretender que lafelicidad existe y que me
está destinada. Vivís como un ratón dentro deun queso, no
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