Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Mi Tio y Mi Cura

—Tal vez, pero se debe tratar de reprimirlo siempre, y sobre
todo,hacerme caso. A pesar de tu poca edad y tu corta estatura,
tienes elaspecto de una mujer; trata pues de tener la dignidad,
que tecorresponde.
—¡La dignidad!—exclamé,—y ¿para qué?
—¿Cómo para qué?
—No comprendo, tío. ¿Cómo me predicáis dignidad, cuando
el gobiernotiene tan poca?
—No veo la relación... ¿Qué nueva locura es esa?
—¿No decís tío, que el gobierno pasa el tiempo jugando al
volante? Laverdad es que tal conducta en un gobierno es una
falta de dignidad. Yentonces, ¿por qué los simples particulares
hemos de tener más que losministros y los senadores?
Mi tío se echó a reír.
—Difícil es reñirte, Reina; como la anguila, te escurres entre
losdedos. Pero a pesar de todo, te aseguro, que si no me
obedeces no tedejaré ir más a ninguna tertulia.
—¡Oh, si hicieseis semejante cosa, mereceríais las torturas de
laInquisición!
—Como la Inquisición está abolida no se me torturará; pero tu
meobedecerás, tenlo por cierto. No quiero que una sobrina mía
adquierahábitos y maneras, que si se pueden excusar hoy por sus
pocos años,mañana la podrán hacer pasar por... ¡hum!
—¿Por qué, tío?
El señor de Pavol tuvo un violento ataque de tos.
Remove