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Mi Tio y Mi Cura

días después de mi llegadaal Pavol, escribía a mi cura la
siguiente carta:
«Mi querido cura: Tengo tantas cosas que deciros, tantos
descubrimientosque participaros, tantas confidencias que
haceros, que no sé por dóndeempezar. Figuraos que aquí es el
cielo más lindo que en el Zarzal, quelos árboles son más altos,
las flores más frescas, que todo es risueño,que un tío es una feliz
invención de la naturaleza, y que mi prima esbella como una
hada.
«Por más que me digáis, me riñáis y me prediquéis, mi querido
cura, nome quitaréis de la cabeza que si Francisco I amaba
mujeres tan lindascomo Blanca de Pavol, tenía por cierto,
mucho juicio. Vos mismo, señorcura, os enamoraríais de ella, si
la vierais. Sin embargo, os declaro,sus modales de reina me
intimidan algo, a mi, a quien nada intimida. Yluego es alta... me
hubiera gustado mucho más que fuera baja... mehubiese
consolado.
«No os hablaré de mi tío, porque sé que lo conocéis, pero me
parecedesde luego que lo voy a querer mucho y él lo mismo a
mí.
«Es una gran dicha tener linda cara, señor cura, mucho mayor
de lo quevos me decíais; se agrada a todo el mundo. Cuando sea
abuela, lescontaré a mis nietecillos, que ése fue el primer
descubrimientodelicioso que hice al entrar a la vida. Pero de
aquí a allá, hay tiempo.
«Aunque mi vida sea aquí una continua sorpresa, ya estoy, con
todo,bastante acostumbrada al Pavol y al lujo que me rodea. Sin
embargo,muchas veces lanzaría exclamaciones de asombro si no
me retuviera elmiedo de quedar en ridículo; oculto mis
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