andar de mi vida y los sucesosextraordinarios en que más de una
vez tuve que actuar.
Un suceso criminal que después relataré y que forma uno de
los capítulosmás importantes de mi vida, me proporcionó
ocasión de distinguirme, yfui ascendido a sargento y nombrado
en reemplazo del viejo Gómez, quefue jubilado.
La noche del día en que recibí mi nombramiento, me retiraba a
mi modestocuarto de conventillo—pues tiempo hacía que había
dejado el que pormeses ocupara en casa del comisario—e iba
con el corazón lleno deilusiones, y cantándome en el alma un
coro de alegría, cuando derepente, al volver la esquina de Piedad
88 y Suipacha, me topé de manosa boca con un hombre que
pretendió ocultarse en el hueco de una puerta.
Era un individuo correctamente vestido de negro, de levita
perfectamenteabrochada y sombrero de copa, y llevaba bajo el
brazo un bastón, cuyacontera reluciente brillaba con los
primeros rayos de luna que comenzabaa alzarse sobre el atrio de
San Miguel.
En el suelo y ante él, estaba un pequeño paquete y al lado el
cajón dela basura, perteneciente a la casa en cuyo umbral se
había detenido.
Cuando se irguió, le conocí, a pesar de hacer seis meses que
no le veía:era el concurrente a las antesalas del Ministerio del

