Y aquí son los improperios, las maldiciones, el lamento con
todas laspersonas que entran al negocio, pero nada le vale: el
cambiazo seefectuó delante de sus ojos y no supo verlo, y los
trescientos pesosvolaron del cajón como por arte de
encantamiento.
LOS MISTERIOS DE BUENOS AIRES
Mi permanencia en el delicado servicio que tenía a su cargo el
sargentoGómez, fue la mejor escuela de la vida a cuyas aulas yo
pudieraconcurrir, y en ella aprendí a conocer este Buenos Aires
bello ymonstruoso, esta reunión informe de vicios y de virtudes,
de grandezas yde miserias.
Yo penetré el movimiento de los hombres en sus calles
estrechas, laspasiones que encierran los palacios y los
conventillos, los interesesque se juegan diariamente desde la
Bolsa a los mercados, y, nacido enlas más humildes esferas,
ascendí peldaño a peldaño la larga escalasocial, tendida entre el
humilde vigilante, que, parado en una esquina,expuesto a las
inclemencias del tiempo, ignora todo lo que no serelacione con
el pequeño radio puesto a su cuidado, y apenas sospechalos
sucesos de más volumen que ocurren fuera de su parada y la
vidaturbulenta y accidentada de los hombres de mundo.
Todo lo que vi y aprendí en mi larga y penosa ascensión, todo
desfilaráen las páginas de estas Memorias, y si no en este
volumen, en otro quele seguirá reflejaré con toda la precisión
que me sea dado, las cosas ylos hombres que encontré en el

