Hoy comparten con él los beneficios de la industria protectora
lospequeños cafés del Riachuelo y la ribera, que venden
marineros borrachosa los buques que necesitan completar su rol
clandestinamente, paraborrar las huellas de un crimen o de un
accidente—a fin de evitarse lasmolestias que en nuestro país
acarrea cualquier gestión ante laautoridad—y los tugurios que,
con el nombre de posadas o sin nombrealguno, encierran entre
sus paredes y alojan, según el dinero con quecuentan, a los
desgraciados que vagan sin hogar, o a aquellos quelegalmente
no pueden habitar en parte alguna.
En aquel tiempo compartían la clientela de Cassoulet, pero
sólo duranteel día, el café Chiavari, en la esquina de Cuyo 80 y
Uruguay, y el caféde Italia, en la misma calle, frente al Mercado
del Plata.
Estas tres eran las cloacas máximas de Buenos Aires, en
tiempos que yano volverán, pero que se repetirán,
transformándose.
EL escruchante—Es decir, aquel cuya especialidad es abrir
puertas cono sin violencia—es otra interesante variedad de la
familia lunfarda.
Los que la forman son, por lo general, individuos de avería,
hombresavezados a todas las asperezas de la vida.
Brotan de las capas inferiores de la sociedad, y rara vez
alcanzan otrasmás elevadas: son constante y perennemente
