Este era el paradero nocturno de todos los vagos de la ciudad y
famosoentre la gente maleante, no solamente por la comodidad
que, a pococosto, se obtenía en él, cuanto por la relativa
seguridad que sedisfrutaba: en caso de producirse visita de la
autoridad, lospropietarios tenían dispuestas las cosas de modo
tal, que la clientelatenía fácil escape.
Estaba ubicado en la esquina Viamonte, antes Temple, y
Suipacha. Comodependencia del café, y formando parte de la
planta baja, que daba haciala primera, había hasta la mitad de la
cuadra una veintena de cuartos ala calle, con puertas que se
abrían a ésta y otra interior, que daba algran patio del café: eran
otras tantas salidas clandestinas del antromisterioso.
Estos cuartos los ocupaban mujeres de vida airada, que eran
como lacrema de aquel mundo de vicio, cuyo centro era la
famosa calle delTemple, y que extendía sus brazos a las
adyacentes, teniendo comoencerrado entre ellos el corazón de la
ciudad.
El café debía ser una mina de plata.
Allí los ladrones, con todo su cortejo de corredores y
auxiliares, losasesinos, los peleadores, los prófugos, toda la
gente que tenía cuentasque saldar con la justicia o tenía por qué
saldarlas, buscaba un refugiopara dormir o vivir con
tranquilidad, para hacer con todo sigilo unaoperación comercial
inconfesable o para ocultarse discretamente,mientras pasaban

