—Sí, señor...; es decir, ando con el asunto de las limosnas para
elhospital..., ¡y al que me cree lo ensarto!
El punguista—como en lenguaje de ladrones se llaman los
pick-pockets, osea, hablando en español, los limpiadores de
bolsillos—es el másartista de todos los ladrones, y mira con
cierto desdén a suscongéneres, a los cuales desprecia
soberanamente..., tanto como puededespreciarlos un hombre
honrado.
Para él, robar un reloj, una cartera, un rollo de dinero o
cualquierotra cosa de valor que una persona pueda llevar sobre
sí, no es undelito, sino un trabajo de arte, una hazaña.
Es por eso que se le ve tan tranquilo, tan seguro de sí mismo,
meterle acualquiera la mano en el bolsillo y sustraerle lo que
guarda: su únicodolor es ser sentido por su víctima, o tomado
infraganti por lapolicía a causa de su poca habilidad.
Esto lo desespera, pues le desbarranca su fama, ataca su
crédito.
La gloria de un punguista es serlo y que nadie pueda
probárselo: suorgullo es poder decir en la policía:
—¡Busque, señor, en los libros!... ¡Yo no tengo ninguna
condena!¡Gracias a Dios, no soy ladrón!

