seriedad guaraní, era chacotóny alegre, atajó al que no conocía y
le dijo:
El otro pícaro, viendo que no lo conocían, se paró a ver en qué
concluíael asunto.
—¡Marmolero... bueno! ¿Conoce a Fulano?
—Bueno... ¡Fulano es un raspa[73] de la peor clase... es ese que estáahí... conózcalo!
Aquí el pillo se sonríe y dice con sorna
—¡Me ha cachado, señor!... es decir, «¡me ha embromado!...»
—¡Vaya, hombre!... ¿Y éste quién es?
—Ya nos embrocó, y le voy a decir: ¡este es Zutano!
Buenos Aires encierra dos clases de pícaros: los naturales y
losextranjeros.
Los primeros son pocos, relativamente, y menos peligrosos
que lossegundos, pues que, desde los primeros pasos, la policía
los conoce yles corta las alas, ya no dejándolos al aire sino
mientras llevan unavida honrada, que para ellos es la miseria, el

