No vagaban sin rumbo bajo los largos corredores de la Casa de
Gobierno,buscando aquí y allá una oficina desconocida, como
cualquiera 19 viudaque busca pensión, empleo para un jovencito
que es una monada, o becapara una señorita joven pero honrada;
no señor, ellas iban seguras a suobjeto, serenas, tranquilas, y no
necesitaban indicaciones nilazarillos.
No se las veía en las antesalas haciendo esperas, porque
conocían lashoras del despacho, y si se adelantaban por un caso
fortuito, sepaseaban en los corredores con aires de dueñas de
casa, o formaban en larueda de los ordenanzas y porteros, donde
salpicaban los comentariosbanales o los chismes corrientes, con
la observación mordaz o el relatopimentado, recogido de "los
mismos labios de los de la presidencia", "delos del Congreso" o
de cualquier otro foco de fama indiscutible.
Yo, en mi facción al lado de la Mesa de Entradas y Salidas,
que es suteatro, las veía en toda su magnificencia y gozaba en
grande, viéndolasdesfilar en su opulenta variedad.
Al principio creía en sus amenazas, en sus cóleras, en sus
penas y hastaen sus súplicas, pero después me convencí de la
realidad—comediapura—y al cabo de dos o tres días oía los
diálogos con curiosidad, perosin interesarme mayormente ni por
el asunto ni por quienes lo trataban.

