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Memorias de un Vigilante

¿Trata uno de cobrarse las prendas tan injusta como
infamementearrebatadas en un momento de desgracia?
Puede ser...
El hecho es que cada vez que se ve una chaquetilla de
infantería puestasobre un pantalón particular, un sable
golpeando sin gracia las canillasde un compadrito y un kepí[34]
con vivos colorados jineteando sobre unachasca[35] enmarañada y
estribando en los cachetes por medio del barbijoroñoso, el alma
se subleva: uno recuerda los primeros dolores y lasprimeras
humillaciones, y, por las dudas, pela[36] el machete paravengar, si
no los agravios de uno, los de aquellos que más tarde
hanrecorrido el áspero sendero.
DE PARIA A CIUDADANO
Fui soldado y me hice hombre.
Con el 64 de línea, adonde me destinaron por cuatro años,
como infractora la ley de enrolamiento, recorrí la República
entera, y, llevando en mikepí el número famoso, sentí abrirse mi
espíritu a las grandesaspiraciones de la vida.
Allí, en las filas, aprendí a leer y a escribir, supe lo que era
orden ylimpieza, me enseñaron a respetar y a exigir que me
respetaran, y bajoel ojo vigilante de los jefes y oficiales se operó
la transformación delgaucho bravío y montaraz.
¡Ah!
 
 
 
 
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