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Gatsby
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reivindicabasus derechos, ora esparciendo sobre la villa y la ría una espesa capa
deniebla, que no tardaba en deshacerse en cierzo, ora haciendo correr porel cielo
furiosamente negras y colosales nubes que iban a descargar supeso a lo interior.
Algunos días no obstante, a la puesta del sol, unsoplo de aire tibio llegaba de la parte
de tierra, que advertíadeliciosamente a los pacíficos habitantes de Nieva de la
presencia enaquel partido judicial de la más amable y coqueta de las estaciones. Yeste
soplo de aire cargado de perfumes, subiendo por la nariz al cerebrode los vecinos más
inclinados a la poesía y a las dulces expansiones delcorazón, se portaba como
enemigo declarado del sosiego de los espíritusfemeninos y perturbador de la paz de
las familias.
La villa dormía plácidamente como una sultana, recibiendo la cariciahalagüeña de
este soplo. Sin embargo, debajo de sus techos el sosiegoera más aparente que real.
Una gran parte del vecindario seguíadurmiendo como antes a pierna suelta, pero otra
no menos numerosa yestimable, sin saber a qué atribuirlo, despertaba varias veces en
elcurso de la noche y se pasaba en ocasiones una hora con la luz encendidaleyendo los
artículos de El Tiempo, sin lograr conciliar el sueño.Bebíase gran copia de vasos de
agua; soñábanse cincuenta mil disparates,que al recordarlos por la mañana hacían
sonreír con enternecimiento alos honrados moradores, y más de uno y más de dos
atraparon una fluxiónde pecho por habérseles caído la ropa de la cama. Despachábase
en lasdos boticas del pueblo una cantidad extraordinaria de cebada perlada;algunos
rechazaban a la mesa el vino, con sorpresa de sus consortes; ydulcificábase
extremadamente el carácter de los señoritos en el tratocon las criadas. El librero de la
calle de la Industria pedía a Madridalgunas novelas de Paul de Kock por encargo de
sus parroquianos, y elprofesor de piano hacía análoga reclamación a los editores de
música, devarias romanzas sentimentales con títulos apasionados como Vorreimorir,
Tutto per te, Non posso vivere y otras de igual jaez, porempeño de sus discípulas. Las
golondrinas comenzaban a instalarse en loscorredores, y después de cortejarse unos
cuantos días por el airepersiguiéndose con gritos descompasados y partiéndose solas
las parejasa los sitios más escondidos de las huertas, sin respeto alguno al quédirán y
a las buenas formas, celebraban sus bodas con la mismagrosería, sin consultar la
voluntad de los papás, ni suplicar dispensacuando la necesitaban, ni proclamarse por
conducto del párroco, niencargar trousseau a París, ni recibir un mal juego de café de
losparientes, ni pasar papeletas impresas a los amigos y conocidosparticipando su
efectuado enlace, ni siquiera insertar en LaCorrespondencia de España un suelto
diciendo: «Ayer, ante numerosa yescogida concurrencia, en la que figuraba lo más
eminente de la nobleza,la política y la literatura, se verificó en casa de la desposada
elanunciado matrimonio de la bellísima y distinguida golondrina doñaFulana de Tal
con el acaudalado golondrino don Zutano de Cual. Despuésde servirse un espléndido
buffet, los novios partieron a su ricaposesión de los Robledales, en Aragón». Y quien
habla de las golondrinasclaro está que se refiere igualmente a toda la caterva de

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