concluyó por afirmar que mientras no cambiase enteramente derégimen de vida no
desaparecerían estos achaques; pero fue imposiblereducirla a ello.
María comenzó a observar con gozo íntimo, del cual se acusaba a suconfesor
bañada en lágrimas, que infundía admiración y respeto a lagente; que cuando salía a la
calle la saludaban algunos con frases deelogio y cuando estaba en la iglesia la
miraban todos los fieles conparticular insistencia. A sus oídos llegaban, por boca de
los criados,muchas frases lisonjeras, que merecían sus virtudes a los sacerdotesmás
venerables y a las almas más piadosas de la población, ypercibiendo en ellas cierto
sabor dulce, les prohibió que se lasrepitiesen. Algunas señoras consultaban con ella
sus casos deconciencia, y la hicieron presidenta de una escuela dominical deadultas, a
las cuales comenzó a explicar la doctrina y la moralcristianas, con tanta claridad y
elocuencia que no había otra cosa dequé hablar. Al segundo domingo se llenó el local
que el Ayuntamiento leshabía cedido en un antiguo convento, no sólo de criadas y
jornaleras,para las cuales se había fundado el instituto, sino también de laspersonas
más distinguidas de la villa, ganosas de comprobar lo que lafama decía de la joven. Y
en efecto, pudieron cerciorarse de que poseíaespeciales dotes para la enseñanza; una
palabra sencilla y animada,maneras humildes y paciencia nunca desmentida. Las
muchachas hicieronnotables progresos bajo su dirección. No contenta con esto,
suplicó yobtuvo de su padre que le cediese un pabellón que había en la huertapara
reunir allí todos los días una docena de niñas huérfanas yenseñarles a leer, escribir y
rezar y darles una educación apropiada asu sexo y posición social. La extremada
dulzura con que trataba a lasdiscípulas le granjearon pronto su cariño y hasta su
adoración.
En todas partes recibía nuestra virtuosa heroína testimoniosinexcusables del gran
aprecio con que era mirada, pero muyparticularmente en la sociedad de devotos y
beatas, donde se laconsideraba como un faro luminoso que había de reportar ventajas
a lareligión. En los tiempos de incredulidad a que habíamos llegado, elespectáculo de
una joven tan linda, tan instruidaa y tan principal,consagrada exclusivamente al
ejercicio de las virtudes y de los actosreligiosos, no podía menos de influir
saludablemente en las costumbresde la villa.
Cierta mañana, al retirarse de las gradas del altar, donde acababa derecibir la
comunión, ofrecía su rostro tal expresión edificante, que unamujer salió del concurso,
y arrodillándose delante de ella le pidió subendición. María, turbada y confusa, quiso
negarse; pero al fin no tuvomás remedio que ceder a sus instancias. En otra ocasión,
pasando por unode los arrabales con Genoveva, otra mujer que estaba a la puerta de
unapobre vivienda, con un niño moribundo entre los brazos, le suplicó quele tomase
entre los suyos y rezase un padrenuestro por él. María así lohizo por complacerla,
protestando de que ella era una miserable pecadoraa quien Dios no podía escuchar;
pero el niño, apenas se vio acariciadopor tan hermosa mano, comenzó a sonreír y no
tardó muchos días enponerse bueno. Esta maravillosa cura, pregonada por la
