Read The Great
Gatsby
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—Sí, pediré, querida... Nosotras—añadió con un poco deénfasis—tenemos la
obligación de pedir por los que se quedan en elmundo.
—¡Si supieras cómo lloraban los criados hace un momento!
—¡Pobre gente!... Les quiero yo mucho a todos.
—Aquí tienes a Marta, que quiere despedirse.
—Acércate, Marta... ¿Te vas conformando ya?...
—¡Qué remedio tengo, María!—repuso la niña pugnando por reprimir lossollozos.
—No, hermana mía; es necesario que te resignes con gusto, agradecida alSeñor, por
el favor que me ha dispensado... Serás buena siempre, ¿no esverdad?... Consuela a
papá... No olvides aquellas oraciones que te hedado, ni dejes de leer los libros que te
dije... Ven a oír misa todoslos días... Procura siempre ser formal y humilde...
¡Ah!, no; Martita no procuraría, no procuraría. Cuando se nace honrada yhumilde
no hay necesidad de procurarlo. Podía estar tranquila sobre esteasunto la esposa del
Señor.
El estrecho cuarto donde las dos monjas se hallaban cerca de la rejaparecía, por lo
feo y obscuro, un calabozo. Sus túnicas resaltaban comodos manchas blancas detrás
del negro enrejado.
Las amigas dirigían todas, alternativamente o a la vez, la palabra aMaría con cierta
mezcla de admiración, de lástima, de curiosidad ycariño. Lo que más dominaba era la
curiosidad. Se le hacían milpreguntas impertinentes y muchos encargos ridículos de
oraciones,medallas, etcétera. Algunos pollos de los antiguos tertulianos de lacasa de
Elorza se habían deslizado en la concurrencia y contemplaban congrandes ojos
abiertos y pasmados a la nueva religiosa, sin atreverse adirigirle la palabra. Pero ella
se mostraba serena y amable y lesllamaba por sus nombres con cierta
condescendencia protectora, dándolesrecuerdos para sus familias. El más osado fue el
ceremonioso mancebo delpelo por la frente, quien, abriéndose paso y llegando muy
sofocado a lareja, dijo a la novicia, dándole ya su nuevo nombre:
—Hermana Juana, tengo que pedirle un favor..., que me envíe comorecuerdo un
poquito de azahar de la corona que llevaba...
—Si la madre consiente...—murmuró María dirigiendo la vista a lasuperiora.
Ésta hizo una seña con la cabeza y el ramito de azahar fue liberal ygraciosamente
otorgado.

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