Read The Great
Gatsby
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Dichoso
aquel
que
tiene
su
casa
a
flote
y
a
quien
el
mar
le
mece
su camarote.
La voz indefinible del fabricante de conservas tuvo el honor de unirseal eterno
concierto de los mares, como uno de tantos ruidos de olas quechocan o piedras que se
arrastran. El viento no quiso encargarse dellevarla a veinte varas de distancia siquiera.
Las falúas al resbalar sobre la espalda turgente de las olas subían ybajaban con
movimiento blando y perezoso, que agradó en un principio alos pasajeros. Se dejaban
columpiar dulcemente; cerraban los ojos consonrisa voluptuosa y feliz, entregándose
de nuevo a los sueños vagos ypoéticos que la brisa del mar despertaba en su mente.
¡Quién había dedecir, ¡ay!, que los que tan gratamente soñaban y se mecían en un
mundorisueño de fantasmas vaporosos y doradas ilusiones se habían de ver alos pocos
minutos con la cabeza tristemente inclinada sobre el mar, elcuello apoyado en el carel
como si fuese un tajo, el rostro lívido y losojos fijos en el agua, cual si tratasen de
escrutar los arcanos delocéano! ¡Oh terrible instabilidad de las cosas humanas!
¿Pero qué pasaba en la falúa de la Sanidad para que diese la vuelta y seapartase de
sus compañeras? Un suceso imprevisto y muy enojosociertamente. A Isidorito le
había hecho daño el almuerzo. Al poco ratode salir del Moral empezó a quedarse
pálido y silencioso, sin que nadielo echase de ver, hasta que la palidez subió tanto de
punto querealmente parecía un cadáver. Entonces se creyó que era mareo y
lemandaron meter los dedos en la boca; pero el fiscal municipal, hartobien al corriente
de la tragedia que en aquel momento se representaba ensu estómago, no quiso hacerlo
y suplicó humildemente que si era posiblediesen la vuelta y lo dejasen en tierra.
Todos quedaron estupefactosante aquella proposición, y la falúa prosiguió su rauda
marcha, como sino la hubiese oído. Mas al cabo de un rato, Isidorito la formuló de
unmodo más enérgico y los marineros se vieron precisados a contestar que,aunque no
imposible, el tocar en tierra otra vez les haría perder unahora de tiempo. Pasó otro
rato. Isidorito se levantó de improviso con elrostro desencajado y extendiendo su
diestra hacia la tierra, exclamó convoz poderosa y angustiada:—¡Vuelta, vuelta por
Dios, o me arrojo alagua!—Entonces la falúa, no queriendo ser cómplice de un
suicidio, girósobre sí misma, dejó caer la vela, y echando los remos al agua,
comenzóa caminar lo más velozmente que pudo al punto más cercano de la costa.Hay
datos, no obstante, para creer que el distinguido jurisconsulto nollegó a tierra con
suficiente oportunidad. La señorita de Mory se creyóbastante vengada de las muchas
molestias que su inflexible lógica lehabía ocasionado.
X
SIGUE LA EXCURSIÓN
 
 

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