Read The Great
Gatsby
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—¡Oh!, no tanto..., no tanto como usted se figura, don Máximo... Hoypor hoy con
la escasa guarnición que tenemos no sería un imposible nimucho menos el
sorprenderla... ¡Cuántas veces he pensado, haciendo laguardia de noche, que treinta
hombres decididos me podían poner en unapuro!... Si lograsen entrar, la cosa estaba
resuelta, bien puedenustedes creerlo...
—¿Lo oye usted, hombre inconvencible, lo oye usted?... Ya verá ustedcómo nos
hemos de acordar de Santa Bárbara después que caigan rayos ycentellas... Pero
escucha una cosa, Ricardo, ¿por qué no aprovecháispara la defensa de la Fábrica los
últimos adelantos que se han hecho enla luz eléctrica?
—¿Cómo?
—A mí se me figura que colocando en distintos parajes de ella unoscuantos focos
de luz eléctrica que el oficial de guardia pudieseencender con sólo apretar un botón,
se podría evitar muy bien el peligrode una sorpresa; y si al mismo tiempo se colgasen
una buena cantidad decampanas poderosas, movidas igualmente por la electricidad,
queprodujesen alarma instantánea en la población y despertasen a losobreros, que por
lo común viven cerca... Martita, ¿qué tienes?—exclamóde improviso cortando el hilo
del discurso.
Todos acudieron a ella. La niña, que continuaba sentada sobre lasrodillas de
Ricardo, se había ido poniendo pálida sin que nadie sehiciese cargo. Cuando don
Mariano se fijó en ella, casualmente, estabablanca como el papel.
—¿Qué te pasa, hija mía?
—¿Qué tienes, Martita?
—Me siento un poco mal. Dadme un vaso de agua. María corrió por ella.Don
Máximo le tomó el pulso y dijo:
—No es más que un amago de vahído, que se cortará con el agua.
En efecto, después que la bebió y se hubo sentado en el sofá empezó aserenarse, y a
los pocos minutos ya estaba completamente bien. Siguió laconversación.
IX
EXCURSIÓN AL MORAL Y A LA ISLA
Quince días por lo menos se habló de la excursión al Moral y a la Isla.Durante el
invierno las jóvenes tertulianas de la casa de Elorza habíanquerido formar un capital,
con los productos de la aduana y lotería,destinado a sufragar los gastos. Don Mariano
las dejó formarlo,sonriendo bellacamente cada vez que le participaban el estado de
lacaja. Mas cuando llegó la época fijada para la excursión, a presencia detoda la
 
 

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