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Marianela

—Yo misma se lo he dicho. Pero sin duda ha perdido el juicio. Dice queyo soy la Santísima
Virgen y me besa el vestido.
—Es que le produces a ella el mismo efecto que a todos. La Nela es tanbuena.... ¡Pobre
muchacha! Es preciso protegerla, Florentina, protegerla,¿no te parece?
—Es una ingrata—dijo Florentina con tristeza.
—¡Ah!, no lo creas. La Nela no puede ser ingrata. Es muy buena... yo laaprecio mucho.... Es
preciso que me la busquen y me la traigan aquí.
—Yo iré.
—No, no, tú no—dijo prontamente Pablo, tomando la mano de su prima—.La obligación de
usted, señorita sin juicio, es acompañarme. Si no vienepronto el señor Golfín a levantarme la
venda y ponerme los vidrios, yome la levantaré solo. Desde ayer no te veo, y esto no se puede
sufrir,no, no se puede sufrir.... ¿Ha venido D. Teodoro?
—Abajo está con tu padre y el mío. Pronto subirá. Ten paciencia;pareces un chiquillo de
escuela.
Pablo se incorporó con desvarío.
—¡Luz, luz!... Es una iniquidad que le tengan a uno tanto tiempo aoscuras. Así no se puede
vivir... yo me muero. Necesito mi pan de cadadía, necesito la función de mis ojos.... Hoy no te he
visto, prima, yestoy loco por verte. Tengo una sed rabiosa de verte. ¡Viva larealidad!... Bendito
sea Dios que te crió, mujer hechicera, compendio detodas las bellezas.... Pero si después de criar
la hermosura, no hubieracriado Dios los corazones, ¡cuán tonta sería su obra!... ¡Luz, luz!
Subió Teodoro y le abrió las puertas de la realidad, inundando de gozosu alma. Después pasó
el día tranquilo, hablando de cosas diversas.Hasta la noche no volvió a fijar la atención en un
punto de su vida, queparecía alejarse y disminuir y borrarse, como las naves que en un díasereno
se pierden en el horizonte. Como quien recuerda un hecho muyantiguo, Pablo dijo:
—¿No ha parecido la Nela?
Díjole Florentina que no, y hablaron de otra cosa.
Aquella noche sintió Pablo a deshora ruido de voces en la casa. Creyóoír la voz de Teodoro
Golfín, la de Florentina y la de su padre. Despuésse durmió tranquilamente, siguiendo durante su
sueño atormentado por lasimágenes de todo lo que había visto y por los fantasmas de lo que
élmismo se imaginaba. Su sueño, que principió dulce y tranquilo, fuedespués agitado y
angustioso, porque en el profundo seno de su alma,como en una caverna recién iluminada,
luchaban las hermosuras yfealdades del mundo plástico, despertando pasiones, enterrando
recuerdosy trastornando su alma toda. Al día siguiente, según promesa de Golfín,le permitirían
levantarse y andar por la casa.
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