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Marianela

cuantos huesos sin vida, llamas tu madre?...¿Crees que ella sigue viviendo, pensando y amándote
dentro de esacaverna? ¿Nadie te ha dicho que las almas una vez que sueltan su cuerpojamás
vuelven a él? ¿Ignoras que las sepulturas, de cualquier forma quesean, no encierran más que
polvo, descomposición y miseria?... ¿Cómo tefiguras tú a Dios? ¿Como un señor muy serio que
está allá arriba con losbrazos cruzados, dispuesto a tolerar que juguemos con nuestra vida y aque
en lugar suyo pongamos espíritus, duendes y fantasmas que nosotrosmismos hacemos?... Tu
amo, que es tan discreto, ¿no te ha dicho jamásestas cosas?
—Sí me las ha dicho; pero como ya no me las ha de decir....
—Pero como ya no te las ha de decir ¿atentas a tu vida? Dime, tonta,arrojándote a ese agujero
¿qué bien pensabas tú alcanzar?, ¿pensabasestar mejor?
—Sí, señor.
—¿Cómo?
—No sintiendo nada de lo que ahora siento, sino otras cosas mejores, yjuntándome con mi
madre.
—Veo que eres más tonta que hecha de encargo—dijo Golfín riendo—.Ahora vas a ser franca
conmigo. ¿Tú me quieres mal?
—No, señor, yo no quiero mal a nadie, y menos a usted que ha sido tanbueno conmigo y que
ha dado la vista a mi amo.
—Bien: pero eso no basta: yo no sólo deseo que me quieras bien, sinoque tengas confianza en
mí, y me confíes tus cosillas. A ti te pasancosillas muy curiosas, picarona, y todas me las vas a
decir, todas.Verás como no te pesa; verás como soy un buen confesor.
La Nela sonrió con tristeza. Después bajó la cabeza, y doblándose suspiernas, cayó de rodillas.
—No, tonta, así estás mal. Siéntate junto a mí; ven acá—dijo Golfíncariñosamente sentándola
a su lado—. Se me figura que estabas rabiandopor encontrar una persona a quien poder decirle
tus secretos. ¿No esverdad? ¡Y no hallabas ninguna! Efectivamente estás demasiado sola en
elmundo.... Vamos a ver, Nela, dime ante todo, ¿por qué... pon muchaatención... por qué se te
puso en la cabeza quitarte la vida?
La Nela no contestó nada.
—Yo te conocí gozosa y al parecer satisfecha de la vida, hace algunosdías. ¿Por qué de la
noche a la mañana te has vuelto loca?...
—Quería ir con mi madre—repuso la Nela, después de vacilar uninstante—. No quería vivir
más. Yo no sirvo para nada. ¿De qué sirvoyo? ¿No vale más que me muera? Si Dios no quiere
que me muera, me moriréyo misma por mi misma voluntad.
—Esa idea de que no sirves para nada es causa de grandes desgraciaspara ti, ¡infeliz criatura!
¡Maldito sea el que te la inculcó o los quete la inculcaron, porque son muchos!... Todos son
igualmenteresponsables del abandono, de la soledad y de la ignorancia en que hasvivido. ¡Que
no sirves para nada! ¡Sabe Dios lo que hubieras sido tú enotras manos! Eres una personilla
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