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Marianela

criado ensoledad profunda bajo el punto de vista de la sociedad y de la ciencia,y en
comunicación abierta y constante, en trato familiar, digámoslo así,con la Naturaleza, poblada de
bellezas imponentes o graciosas, llena deluz y colores, de murmullos elocuentes y de formas
diversas. PeroMarianela había mezclado con su admiración el culto, y siguiendo unaley, propia
también del estado primitivo, había personificado todas lasbellezas que adoraba en una sola,
ideal y con forma humana. Esta bellezaera la Virgen María, adquisición hecha por ella en los
dominios delEvangelio, que tan imperfectamente poseía. La Virgen María no habríasido para
ella el ideal más querido, si a sus perfecciones morales noreuniera todas las hermosuras,
guapezas y donaires del orden físico, sino tuviera una cara noblemente hechicera y seductora, un
semblantehumano y divino al mismo tiempo, que a ella le parecía resumen y cifrade toda la luz
del mundo, de toda la melancolía y paz sabrosa de lanoche, de la música de los arroyos, de la
gracia y elegancia de todaslas flores, de la frescura del rocío, de los suaves quejidos del viento,de
la inmaculada nieve de las montañas, del cariñoso mirar de lasestrellas y de la pomposa majestad
de las nubes cuando gravementediscurren por la inmensidad del cielo.
La persona de Dios representábasele terrible y ceñuda, más propia parainfundir respeto que
cariño. Todo lo bueno venía de la Virgen María, y ala Virgen debía pedirse todo lo que han
menester las criaturas. Diosreñía y ella sonreía. Dios castigaba y ella perdonaba. No es esta
últimaidea tan rara para que llame la atención. Casi rige en absoluto a lasclases menesterosas y
rurales de nuestro país.
También es común en éstas, cuando se junta un gran abandono a una granfantasía, la fusión
que hacía la Nela entre las bellezas de laNaturaleza y aquella figura encantadora que resume en
sí casi todos loselementos estéticos de la idea cristiana. Si a la soledad en que vivíala Nela
hubieran llegado menos nociones cristianas de las que llegaron;si su apartamiento del foco de
ideas hubiera sido absoluto, su paganismohabría sido entonces completo habría adorado la Luna,
los bosques, elfuego, los arroyos, el sol.
Esta era la Nela que se crió en Socartes, y así llegó a los quince años.Desde esta fecha su
amistad con Pablo y sus frecuentes coloquios conquien poseía tantas y tan buenas nociones,
modificaron algo su modo depensar; pero la base de sus ideas no sufrió alteración. Continuaba
dandoa la hermosura física cierta soberanía augusta; seguía llena desupersticiones y adorando en
la Santísima Virgen como un compendio detodas las bellezas naturales; haciendo de esta persona
la ley moral, yrematando su sistema con las más extrañas ideas respecto a la muerte yla vida
futura.
Encerrándose en sus conchas, Marianela habló así:
—Madre de Dios y mía, ¿por qué no me hiciste hermosa? ¿Por qué cuandomi madre me tuvo
no me miraste desde arriba?... Mientras más me miro másfea me encuentro. ¿Para qué estoy yo
en el mundo?, ¿para qué sirvo?, ¿aquién puedo interesar?, a uno solo, Señora y madre mía, a uno
solo queme quiere porque no me ve. ¿Qué será de mí cuando me vea y deje dequererme?...
porque ¿cómo es posible que me quiera viendo este cuerpochico, esta figurilla de pájaro, esta tez
pecosa, esta boca sin gracia,esta nariz picuda, este pelo descolorido, esta persona mía que no
sirvesino para que todo el mundo le dé con el pie. ¿Quién es la Nela? Nadie.La Nela sólo es algo
para el ciego. Si sus ojos nacen ahora y los vuelvea mí y me ve, caigo muerta... Él es el único
para quien la Nela no esmenos que los gatos y los perros. Me quiere como quieren los novios
asus novias, como Dios manda que se quieran las personas.... Señora madremía, ya que vas a
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