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Marianela

—Como mi talento me deje dormir, a la buena de Dios.
Un minuto después se veía a sí mismo en figura semejante a la de D.Teodoro Golfín,
poniendo ojos nuevos en órbitas viejas, claveteandopiernas rotas y arrancando criaturas a la
muerte, mediante copiosastomas de mosquitos guisados un lunes con palos de mimbre cogidos
por unadoncella. Viose cubierto de riquísimos paños, con las manos aprisionadasen guantes
olorosos y arrastrado en coche, del cual tiraban cisnes, queno caballos, y llamado por reyes o
solicitado de reinas, por honestasdamas requerido, alabado de magnates y llevado en triunfo por
lospueblos todos de la tierra.
-XIII-
Entre dos cestas
La Nela cerró sus conchas para estar más sola. Sigámosla; penetremos ensu pensamiento. Pero
antes conviene hacer algo de historia.
Habiendo carecido absolutamente de instrucción en su edad primera;habiendo carecido
también de las sugestiones cariñosas que enderezan elespíritu de un modo seguro al
conocimiento de ciertas verdades, habíaseformado Marianela en su imaginación poderosa un
orden de ideas muysingular, una teogonía extravagante y un modo rarísimo de apreciar lascausas
y los efectos de las cosas. La idea de Teodoro Golfín era exactaal comparar el espíritu de Nela
con los pueblos primitivos. Como enéstos, dominaba en ella el sentimiento y la fascinación de
lomaravilloso; creía en poderes sobrenaturales, distintos del único ygrandioso Dios, y veía en los
objetos de la Naturaleza personalidadesvagas que no carecían de modos de comunicación con los
hombres.
A pesar de esto, la Nela no ignoraba completamente el Evangelio. Jamásle fue bien enseñado;
pero había oído hablar de él. Veía que la genteiba a una ceremonia que llamaban misa, tenía idea
de un sacrificiosublime; mas sus nociones no pasaban de aquí. Habíase acostumbrado arespetar,
en virtud de un sentimentalismo contagioso, al Dioscrucificado; sabía que aquello debía besarse;
sabía además algunasoraciones aprendidas de rutina; sabía que todo aquello que no se
poseíadebía pedirse a Dios; pero nada más. El horrible abandono en que habíaestado su
inteligencia hasta el tiempo de su amistad con el señorito dePenáguilas era causa de esto. Y la
amistad con aquel ser extraordinario,que desde su oscuridad exploraba con el valiente ojo de su
pensamientoinfatigable los problemas de la vida, había llegado tarde. En elespíritu de la Nela
estaba ya petrificado lo que podremos llamar sufilosofía, hechura de ella misma, un no sé qué de
paganismo y desentimentalismo, mezclados y confundidos. Debemos añadir que María, apesar
de vivir tan fuera del elemento común en que todos vivimos,mostraba casi siempre buen sentido
y sabía apreciar sesudamente lascosas de la vida, como se ha visto en los consejos que daba a
Celipín.La grandísima valía de su alma explica esto.
La más notable tendencia de su espíritu era la que la impulsaba consecreta pasión a amar la
hermosura física, donde quiera que seencontrase. No hay nada más natural, tratándose de un ser
 
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