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Marianela

—Calla, mujer.... ¿Pues qué creías que la escritura no es lo primero?...Deja tú que yo coja una
pluma en la mano y verás qué rasgueos de letrasy qué perfiles finos para arriba y para abajo,
como la firma de D.Francisco Penáguilas.... ¡Escribir!, a mí con esas... a los cuatro díasverás qué
cartas pongo.... Ya las oirás leer y verás qué concéitos losmíos y qué modo aquel de echar
retólicas que os dejen bobos a todos.¡Córcholis! Nela, tú no sabes que yo tengo mucho talento.
Lo siento aquídentro de mi cabeza, haciéndome burumbum, burumbum, como el agua dela
caldera de vapor.... Como que no me deja dormir, y pienso que es quetodas las ciencias se me
entran aquí, y andan dentro volando a tientascomo los murciélagos y diciéndome que las estudie.
Todas, todas lasciencias las he de aprender, y ni una sola se me ha de quedar.... Verástú...
—Pues debe de haber muchas. Pablo Penáguilas que las sabe todas, me hadicho que son
muchas y que la vida entera de un hombre no basta para unasola.
—Ríete tú de eso.... Ya me verás a mí...
—Y la más bonita de todas es la de D. Carlos.... Porque mira tú que esode coger una piedra y
hacer con ella latón. Otros dicen que hacen platay también oro. Aplícate a eso, Celipillo.
—Desengáñate, no hay saber como ese de cogerle a uno la muñeca ymirarle la lengua, y decir
al momento en qué hueco del cuerpo tieneaposentado el maleficio.... Dicen que don Teodoro le
saca un ojo a unhombre y le pone otro nuevo, con el cual ve como si fuera ojo nacido....Miá tú
que eso de ver un hombre que se está muriendo, y con mandarletomar, pongo el caso, media
docena de mosquitos guisados un lunes conpalos de mimbre cogidos por una doncella que se
llame Juana, dejarlebueno y sano, es mucho aquel.... Ya verás, ya verás cómo se porta D.Celipín
el de Socartes. Te digo que se ha de hablar de mí hasta en laHabana.
—Bien, bien—dijo la Nela con alegría—: pero mira que has de ser buenhijo, pues si tus
padres no quieren enseñarte es porque ellos no tienentalento, y pues tú lo tienes, pídele por ellos
a la Santísima Virgen yno dejes de mandarles algo de lo mucho que vas a ganar.
—Eso sí lo haré. Miá tú, aunque me voy de la casa, no es que quiera mala mis padres, y ya
verás como dentro de poco tiempo ves venir un mozo dela estación cargado que se revienta con
unos grandes paquetes; y ¿quéserá? Pues refajos para mi madre y mis hermanas y un sombrero
alto parami padre. A ti puede que te mande también un par de pendientes.
—Muy pronto regalas—dijo la Nela sofocando la risa—. ¡Pendientes paramí!...
—Pero ahora se me está ocurriendo una cosa. ¿Quieres que te la diga?Pues es que tú debías
venir conmigo, y siendo dos, nos ayudaríamos aganar y a aprender. Tú también tienes talento,
que eso del pesquis a míno se me escapa, y bien podías llegar a ser señora, como yo
caballero.¡Qué me había de reír si te viera tocando el piano como doña Sofía!
—¡Qué bobo eres! Yo no sirvo para nada. Si fuera contigo sería unestorbo para ti.
—Ahora dicen que van a dar vista a don Pablo, y cuando él tenga vistanada tienes tú que
hacer en Socartes. ¿Qué te parece mi idea?... ¿Norespondes?
Pasó algún tiempo sin que la Nela contestara nada. Preguntó de nuevoCelipín, sin obtener
respuesta.
—Duérmete, Celipín—dijo al fin la de las cestas—. Yo tengo muchosueño.
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