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Marianela

-XI-
El patriarca de Aldeacorba
—Ya la están ordeñando—dijo antes de saludarles—. Supongo que todostomarán leche.
¿Cómo va ese valor, doña Sofía?... ¿Y usted, D.Teodoro?... ¡Buena carga se ha echado a cuestas!
¿Qué tiene MaríaCanela?... una patita mala. ¿De cuándo acá gastamos esos mimos?
Entraron todos en el patio de la casa. Oíanse los graves mugidos de lasvacas que acababan de
entrar en el establo, y este rumor, unido al gratoaroma campesino del heno que los mozos subían
al pajar, recreabadulcemente los sentidos y el ánimo.
El médico sentó a la Nela en un banco de piedra en un banco de piedra, yella, paralizada por
el respeto, no se atrevía a hacer movimiento algunoy miraba a su bienhechor con asombro.
—¿En dónde está Pablo?—preguntó el ingeniero.
—Acaba de bajar a la huerta—replicó el señor de Penáguilas, ofreciendouna rústica silla a
Sofía—. Mira, Nela, ve y acompáñale.
—No, no quiero que ande todavía—objetó Teodoro, deteniéndola—. Ademásva a tomar leche
con nosotros.
—¿No quiere usted ver a mi hijo esta tarde?—preguntó el señor dePenáguilas.
—Con el examen de ayer me basta—replicó Golfín—. Puede hacerse laoperación.
—¿Con éxito?
—¡Ah! ¡Con éxito!... eso no se puede decir. ¡Cuán gran placer seríapara mí dar la vista a
quien tanto la merece! Su hijo de usted posee unainteligencia de primer orden, una fantasía
superior, una bondadexquisita. Su absoluto desconocimiento del mundo visible hace resaltarmás
aquellas grandiosas cualidades... se nos presentan solas,admirablemente sencillas, con todo el
candor y el encanto de las grandescreaciones de la Naturaleza, donde no ha entrado el arte de los
hombres.En él todo es idealismo, un idealismo grandioso, enormemente bello. Escomo un
yacimiento colosal, como el mármol en las canteras.... No conocela realidad... vive la vida
interior, la vida de ilusión pura.... ¡Oh!¡Si pudiéramos darle vista!... A veces me digo: «si al darle
la vista leconvertiremos de ángel en hombre...» Problema y duda tenemos aquí...Pero hagámosle
hombre; ese es el deber de la ciencia; traigámosle delmundo de las ilusiones a la esfera de la
realidad, y entonces, dado supoderoso pensar, será verdaderamente inteligente y discreto;
entoncessus ideas serán exactas y tendrá el don precioso de apreciar en suverdadero valor todas
las cosas.
Sacaron los vasos de leche blanca, espumosa, tibia, rebosando de losbordes con hirviente
oleada. Ofreció Penáguilas el primero a Sofía, ylos caballeros se apoderaron de los otros dos.
Teodoro Golfín dio elsuyo a la Nela, que abrumada de vergüenza se negaba a tomarlo.
—Vamos, mujer—dijo Sofía—no seas mal criada: toma lo que te dan.
—Otro vaso para el Sr. D. Teodoro—dijo D. Francisco al criado.
 
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