Not a member?     Existing members login below:

Marianela

deoro.... He aquí que mientras mi hermano lo busca en las entrañas de latierra, yo lo busco en el
interior maravilloso de ese universo enabreviatura que se llama el ojo humano.
En la época de esta veraz historia venía de América por la vía deNew-York Liverpool, y
según decía, su expatriación había cesadodefinitivamente; pero no le creían, por haber dicho lo
mismo en otrasocasiones y haber hecho todo lo contrario.
Su hermano Carlos era un bendito, hombre muy pacífico, estudioso,esclavo de su deber,
apasionado por la mineralogía y la metalurgia hastaponer a estas dos mancebas cien codos más
altas que su mujer. Por lodemás, ambos cónyuges vivían en conformidad completa, o como
decíaTeodoro, en estado isomórfico, porque cristalizaban en un mismosistema. En cuanto a él,
siempre que se hablaba de matrimonio, decíariendo:
—El matrimonio sería para mí una Epigenesis o cristalpseudomórfico; es decir, un sistema de
cristalización que no mecorresponde.
Sofía era una excelente señora de regular belleza, cada día reducida amenor expresión, por
una tendencia lamentable a la obesidad. Le habíandicho que la atmósfera de carbón de piedra
enflaquecía, y por eso habíaido a vivir a las minas, con propósito de pasar en ellas todo el
año.Por lo demás, aquella atmósfera saturada de polvo de calamina y de humocausábale no poco
disgusto. No tenía hijos vivos, y su principalocupación consistía en tocar el piano y en organizar
asociacionesbenéficas de señoras para socorros domiciliarios y sostenimiento dehospitales y
escuelas. En Madrid, y durante buena porción de años, suactividad había hecho prodigios,
ofreciendo ejemplos dignos de imitacióna todas las almas aficionadas a la caridad. Ella, ayudada
de dos o tresseñoras de alto linaje, igualmente amantes del prójimo, había logradocelebrar más
de veinte funciones dramáticas, otros tantos bailes demáscaras, seis corridas de toros y dos de
gallos, todo en beneficio delos pobres.
En el número de sus vehemencias, que solían ser pasajeras, contábase unaque quizás no sea
tan recomendable como aquella de socorrer a losmenesterosos, y consistía en rodearse de perros
y gatos, poniendo enestos animales un afecto que al mismo amor se parecía. Últimamente,
ycuando residía en el establecimiento de Socartes, tenía un toy terrierque por encargo le había
traído de Inglaterra Ulises Bull, jefe deltaller de maquinaria. Era un galguito fino y elegante,
delicado y mimosocomo un niño. Se llamaba Lili, y había costado en Londres doscientosduros.
Los Golfines paseaban en los días buenos; en los malos tocaban el pianoo cantaban, pues
Sofía tenía cierto chillido que podía pasar por cantoen Socartes. El ingeniero segundo tenía voz
de bajo profundo, Teodorotambién era bajo profundo. Carlos allá se iba; de modo que armaban
unaespecie de coro de sacerdotes, en el cual descollaba la voz de Sofíacomo una sacerdotisa a
quien van a llevar al sacrificio. Todas laspiezas que se cantaban eran, o si no lo eran lo parecían,
de sacerdotessacrificadores y sacerdotisa sacrificada.
En los días de paseo solían merendar en el campo. Una tarde (a últimosde Setiembre y seis
días después de la llegada de Teodoro a las minas)volvían de su excursión en el orden siguiente:
Lili, Sofía, Teodoro,Carlos. La estrechez del sendero no les permitía caminar de dos en dos.Lili
llevaba su manta o gabancito azul con las iniciales de su ama.Sofía apoyaba en su hombro el
palo de la sombrilla, y Teodoro llevaba enla misma postura su bastón, con el sombrero en la
punta. Gustaba muchode pasear con la deforme cabeza al aire. Pasaban al borde de laTrascava,
cuando Lili, desviándose del sendero con la elástica ligerezade sus patillas como alambres, echó
Remove