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Marianela

—Son las miradas de los que se han muerto y no han ido todavía alcielo—afirmó la Nela, con
la convicción y el aplomo de un doctor—. Losmuertos son enterrados en la tierra. Como allá
abajo no pueden estar sinechar una miradilla a la tierra, echan de sí una cosa que sube en formay
manera de flor. Cuando en un prado hay muchas flores es porque allá...en tiempos de atrás,
enterraron en él muchos difuntos.
—No, no—replicó Pablo con seriedad—. No creas desatinos. Nuestrareligión nos enseña que
el espíritu se separa de la carne y que la vidamortal se acaba. Lo que se entierra, Nela, no es más
que un despojo, unbarro inservible que no puede pensar, ni sentir, ni tampoco ver.
—Eso lo dirán los libros, que según dice la Señana, están llenos dementiras.
—Eso lo dicen la fe y la razón, querida Nela. Tu imaginación te hacecreer mil errores. Poco a
poco yo los iré destruyendo, y tendrás ideasbuenas sobre todas las cosas de este mundo y del
otro.
—¡Ay, ay, con el doctorcillo de tres por un cuarto!... Ya... cuando hasquerido hacerme creer
que el sol está quieto y que la tierra da vueltasa la redonda!... ¡Cómo se conoce que no lo ves!
¡Madre del Señor! Que memuera en este momento, si la tierra no se está más quieta que un
peñón,y el sol va corre que corre. Señorito mío, no se la eche de tan sabio,que yo he pasado
muchas horas de noche y de día mirando al cielo, y sécómo está gobernada toda esa máquina....
La tierra está abajo, todallena de islitas grandes y chicas. El sol sale por allá y se esconde porallí.
Es el palacio de Dios.
—¡Qué tonta!
—¿Y por qué no ha de ser así? ¡Ay! Tú no has visto el cielo en un díaclaro: hijito, parece que
llueven bendiciones.... Yo no creo que puedahaber malos, no, no los puede haber, si vuelven la
cara hacia arriba yven aquel ojazo que nos está mirando.
—Tu religiosidad, querida Nelilla, está llena de supersticiones. Yo teenseñaré ideas mejores.
—No me han enseñado nada—dijo María con inocencia—pero yo, cavila quecavilarás, he ido
sacando de mi cabeza muchas cosas que me consuelan, yasí cuando me ocurre una buena idea,
digo: «esto debe de ser así, y node otra manera». Por las noches, cuando me voy sola a mi casa,
voypensando en lo que será de nosotros cuando nos muramos, y en lo muchoque nos quiere a
todos la Virgen Santísima.
—Nuestra madre amorosa.
—¡Nuestra madre querida! Yo miro al cielo y la siento encima de mí comocuando nos
acercamos a una persona y sentimos el calorcillo de surespiración. Ella nos mira de noche y de
día por medio de... no terías... por medio de todas las cosas hermosas que hay en el mundo.
—¿Y esas cosas hermosas...?
—Son sus ojos, tonto. Bien lo comprenderías si tuvieras los tuyos.Quien no ha visto una nube
blanca, un árbol, una flor, el aguacorriendo, un niño, el rocío, un corderito, la luna paseándose
tan majapor los cielos, y las estrellas, que son las miradas de los buenos quese han muerto....
—Mal podrán ir allá arriba si se quedan debajo de tierra echandoflores.
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