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Marianela

—Aquí a la izquierda—dijo el ciego—está mi casa. Allá arriba... ¿sabeusted? Aquellas tres
casas es lo que queda del lugar de Aldeacorba deSuso: lo demás ha sido expropiado en diversos
años para beneficiar elterreno; todo aquí debajo es calamina. Nuestros padres vivían sobremiles
de millones sin saberlo.
Esto decía, cuando se vino corriendo hacia ellos una muchacha, una niña,una chicuela, de
ligerísimos pies y menguada estatura.
—Nela, Nela—dijo el ciego—. ¿Me traes el abrigo?
—Aquí está—repuso la muchacha poniéndole un capote sobre los hombros.
—¿Ésta es la que cantaba?... ¿Sabes que tienes una preciosa voz?
—¡Oh!—exclamó el ciego con candoroso acento de encomio—cantaadmirablemente—.
Ahora, Mariquilla, vas a acompañar a este caballerohasta las oficinas. Yo me quedo en casa. Ya
siento la voz de mi padreque baja a buscarme. Me reñirá de seguro.... ¡Allá voy, allá voy!
—Retírese usted pronto, amigo—dijo Golfín estrechándole la mano—. Elaire es fresco y
puede hacerle daño. Muchas gracias por la compañía.Espero que seremos amigos, porque estaré
aquí algún tiempo.... Yo soyhermano de Carlos Golfín, el ingeniero de estas minas.
—¡Ah!... ya.... D. Carlos es muy amigo de mi padre y mío: le espera austed desde ayer.
—Llegué esta tarde a la estación de Villamojada... dijéronme queSocartes estaba cerca y que
podía venirme a pie. Como me gusta ver elpaisaje y hacer ejercicio, y como me dijeron que
adelante, siempreadelante, eché a andar, mandando mi equipaje en un carro. Ya ve ustedcómo
me perdí... pero no hay mal que por bien no venga... le he conocidoa usted y seremos amigos,
quizás muy amigos.... Vaya, adiós; a casapronto, que el fresco de Setiembre no es bueno. Esta
señora Nela tendrála bondad de acompañarme.
—De aquí a las oficinas no hay más que un cuarto de hora de camino...poca cosa.... Cuidado
no tropiece usted en los rails; cuidado al bajarel plano inclinado. Suelen dejar los vagonetes
sobre la vía... y con lahumedad, la tierra está como jabón.... Adiós, caballero y amigo
mío.Buenas noches.
Subió por una empinada escalera abierta en la tierra y cuyos peldañosestaban reforzados con
vigas. Golfín siguió adelante, guiado por laNela. Lo que hablaron ¿merecerá capítulo aparte? Por
si acaso, se lodaremos.
-III-
Un diálogo que servirá de exposición
—Aguarda, hija, no vayas tan a prisa—dijo Golfín deteniéndose—déjameencender un cigarro.
 
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