—¡Mi hijo... mi único hijo murió hecho pedazos en el
torpedeamiento delCalifornian!
Estas palabras hicieron cambiar el rostro del espía. Sus labios
sesepararon, lanzando una leve exclamación de sorpresa.
Se apagó la luz arrogante de sus pupilas. Luego bajó los ojos,
y pocodespués la cabeza.
La muchedumbre vociferante lo fué empujando y se lo llevó,
sin que nadiese acordase del hombre que había dado la alarma é
iniciado lapersecución.
Aquella misma tarde el Mare nostrum salió de Marsella.
Cuatro meses después, el capitán Ferragut estaba en
Barcelona.
Había hecho durante este tiempo tres viajes á Salónica, y en el
segundotuvo que comparecer ante un capitán de navío del
ejército de Oriente. Elmarino francés estaba enterado de sus
expediciones anteriores para elavituallamiento de las tropas
aliadas; conocía su nombre, y le miró comoun juez que se
interesa por el acusado. Había recibido de Marsella unlargo
telegrama referente á Ferragut. Un espía sometido á la
justiciamilitar le acusaba de haber trabajado en el
aprovisionamiento de lossubmarinos alemanes.
