Tòni, que abominaba de los viajes en ferrocarril, por su
entumecedorainmovilidad, tuvo que abandonar el Mare
nostrum, sufriendo el tormentode permanecer acoplado doce
horas entre personas desconocidas.
Ferragut estaba enfermo en un hotel del puerto de Marsella. Le
habíandesembarcado de un buque francés procedente de
Nápoles, sumido endoloroso mutismo. Quería morir. Durante el
viaje le sometieron á unaestrecha vigilancia para que no
repitiese sus intentos de suicidio.Varias veces quiso arrojarse al
agua.
Esto lo supo Tòni por el capitán de un vapor español que
acababa dellegar de Marsella, precisamente un día después que
los periódicos deBarcelona relataron la muerte de Esteban
Ferragut en el torpedeamientodel Californian. El viajante de
comercio contaba en todas partes elsuceso, y á continuación su
novelesco encuentro con el padre, la caídamortal de éste al
recibir la noticia, su desesperación cuando recobró
elconocimiento.
El piloto había corrido á presentarse en la casa de su capitán.
Todoslos Blanes estaban en ella, rodeando y consolando á Cinta.
—¡Hijo mío!... ¡Mi hijo!...—gemía la madre, retorciéndose en
un sofá.
Y el coro de la familia ahogaba sus lamentos derramando
sobre ella unalluvia de hipotéticos consuelos y apelaciones á la
resignación. Debíapensar en el padre: no estaba sola en el
