Creyó después de este beso que sus otros deseos iban á
realizarseinmediatamente. Lo más difícil del camino ya estaba
andado. Pero conFreya había que esperar siempre algo absurdo é
inconcebible.
El cañonazo del mediodía los sacó de su arrobamiento
voluptuoso, quehabía durado unos segundos, largos como años.
Los pasos del guardián,cada vez más próximos, acabaron por
separar sus dos bustos y desenredarsus brazos.
Freya fué la primera en serenarse. Sólo un ligero humo quedó
flotando enel fondo de sus pupilas, como si fuese el vaho del
ardor reciénextinguido.
Y salió del Acuario seguida de Ferragut, todavía balbuciente
ytembloroso.
Fueron inútiles las preguntas y ruegos con que la persiguió al
atravesarel paseo.
—Hasta aquí nada más—dijo ella en una de las bocacalles de
Chiaia—.Nos veremos... Se lo prometo formalmente... Ahora
déjeme...
Y desapareció con su paso firme de hermosa cazadora, sereno
el rostro,como si no quedase en ella el menor recuerdo de su
fiero arrebatopasional.
Esta vez cumplió su promesa. Ferragut la vió todos los días.
