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Mare Nostrum

—Sabe mucho... Además de marino, es abogado.
La consideración de su fortuna contribuía igualmente al
aprecio general.Era accionista importante de la compañía
naviera á la que prestaba susservicios. Los compañeros
calculaban con orgullosa exageración lariqueza de su madre,
tasándola en millones.
Encontraba amigos en todo buque que ostentase á popa la
banderaespañola, fuese cual fuese su puerto de origen y el
regionalismo de sustripulantes.
Todos le querían: los capitanes vascos, sobrios en palabras,
rudos y detuteo confianzudo; los capitanes asturianos y gallegos,
enamoradizos yderrochadores, que desmienten con su carácter la
avaricia y la tristezade tierra adentro; los capitanes andaluces,
que parecen llevar en sugracioso lenguaje un reflejo de la blanca
Cádiz y sus vinos luminosos;los capitanes valencianos, que
hablan de política en el puente,imaginando lo que podrá ser la
marina de la futura República; loscapitanes de Cataluña y de
Mallorca, conocedores de los negocios tan áfondo como sus
armadores. Siempre que les unía la necesidad de defendersus
derechos, pensaban inmediatamente en Ulises. Ninguno escribía
comoél.
Los viejos pilotos venidos de abajo, hombres de mar que
habían empezadosu carrera en las barcas de cabotaje y á duras
penas ajustaban susconocimientos prácticos al manejo de los
libros, hablaban de Ferragutcon orgullo:
—Dicen que los del mar somos gente bruta... Ahí tienen á don
Luis, quees de los nuestros. Pueden preguntarle lo que quieran...
¡Un sabio!
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